Obrero disciplinado y perseverante

Edgar Basurto sabe que abandonó su patria para trabajar y levantar una familia. Fotos Karine Vargas

Por Karine Vargas

Edgar Basurto, 38 años de edad, se ha ganado la independencia laboral después de muchas altas y bajas en la ciudad de New York. Este inmigrante ecuatoriano llegó a trabajar por su bienestar y el de su familia. “Empecé trabajando en  construcción, colocando ventanas en una compañía de latinos durante tres meses, pero no me gustó por la temporada del frío”, dijo Basurto recordando su pasado laboral.

En diciembre del 2008 llegó a vivir en los Estados Unidos. Para Basurto esa fue la mejor decisión, aunque no siempre el sueño americano es como lo imaginamos. La cotidianidad, la soledad y la rutina impulsan a experimentar otras cosas. “Me mudé a Miami y allá encontré trabajo de jardinero. Estuve trabajando un año bajo el sol”, añadió Basurto.

Esa experiencia fue muy enriquecedora. Sin embargo, volvió a darle una segunda oportunidad a la construcción. “Empecé a poner paneles contra huracanes en las ventanas y las puertas de las casas, pero sentía que mi lugar estaba en otra ciudad, en la ciudad que me recibió y en donde tenía la mayor parte de mi familia”, dijo Basurto.

“En Queens me sentía como en mi país”, dijo Basurto alzando la mirada. Volvió a New York a trabajar en construcción, en lo que la experiencia y los años lo convirtieron en un profesional. “Llegué y empecé a trabajar en la construcción, colocando ventanas y puertas de cristale”. Ese trabajo le llena tanto el corazón de satisfacción que ha permanecido allí por varios años y es la labor en donde más se siente a gusto.

Edgar Basurto manejando la camioneta de su trabajo de construcción. Foto Karine Vargas

“Al son de hoy todavía sigo trabajando en construcción y me va muy bien. Cuando llegué ganaba el sueldo de ayudante y ahora soy un maestro instalador”, dijo Basurto con orgullo. La disciplina por llegar a ser el mejor en lo que hace le ha permitido ir escalando en la instalación de cristales. Ha sabido afrontar las adversidades con perspicacia en una ciudad que no tiene piedad con nadie y se lleva los años en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora maneja su propio tiempo. “Hago mis trabajos personales, me fui independizando, siempre demostrando mi buen trabajo y sin importar cuán cansado llegue a la casa”, dijo Basurto. En el trabajo siempre camina con una sonrisa en el rostro y hay gentileza en sus palabras. Está recogiendo los frutos de su esfuerzo y ahora tiene más tiempo para compartir con su pareja, familia y amigos.

Basurto no quiere ahora irse de esta ciudad. Cayó bajo el encanto de esta ciudad de inmigrantes. “Nueva York no le queda grande al inmigrante que sabe aprovechar las oportunidades”, concluyó Basurto.

 

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