Tropiezos nos fortalecen

Jhoany Vargas en su actual trabajo de ayudante de cocina. Foto Karine Vargas

Por Luz Karine Vargas

A los 30 años comenzó una aventura que aún no tiene fin. Jhoany Vargas llegó a Queens siendo un chico alegre y lleno de muchos sueños. Así empezó lo que sería una nueva vida en un país al cual se llega con el corazón lleno de expectativas y  donde la mayoría de personas se amañan tanto que optan por no regresar al país de origen.

Pero como toda historia, nada es perfecto. A los tres meses de haber llegado su madre fallece por causa natural, dejando un gran vacío en su corazón, pero nunca perdió la fuerza para hacerla sentir orgullosa en donde se encuentre.

“Empecé a trabajar como lavaplatos, de la forma que muchos comienzan su vida laboral, desde abajo. Mi madre, que era el motor de nuestras vidas, ya no se encontraba y me tocó vivir con mis hermanos en un apartamento. Estábamos solos. Fue un poco difícil porque todos éramos nuevos en un país que no conocíamos y de golpe nos tocó aprender a enfrentarnos a todo. Ese fue mi hogar. La gran barrera era no saber el idioma del país, el inglés, así que ingresé a estudiar para ascender en la remuneración de los trabajos”, dijo Vargas, cuya vida en Nueva York no fue tan fácil como esperaba.

El transcurrir de los años le proporcionó muchos momentos de felicidad y también trajo consigo muchas tristezas que siempre quedan marcadas en el alma. “Estando acá fallecieron tres de mis hermanos en Colombia, solo quedamos cuatro hombres y tres mujeres que residen en Medellín. En este país solo me acompaña mi hermano con el cual hemos afrontado todos los momentos, él es mi apoyo y yo soy el de él, mi única familia acá porque me divorcié hace 15 años”.

A pesar de los buenos y no tan buenos momentos por los que se pasan en la vida, Vargas siempre tuvo alguien por quien levantarse cada mañana con la mejor actitud. “Todo mi sacrificio ha sido para que mi hijo sea el mejor y ahora en diciembre se gradúa de piloto y eso me llena de orgullo. Ya tengo una estabilidad en Colombia para el día que mi cuerpo no de más para trabajar. Puedo ir a descansar en alguno de mis dos apartamentos. Empieza uno de abajo y logra conseguir algo si hace el trabajando juicioso”, dijo Vargas.

“Ahora con el Covid-19 me tocó vivir de los ahorros y recién ahora que la ciudad está abriendo su economía es que comienzo de nuevo a trabajar como ayudante de cocina, tres días a la semana. Dios quiera que todo mejore porque al paso que vamos no sabremos qué vamos a hacer o para dónde vamos a pegar”, añadió Vargas en la cocina en donde trabaja.

Este hombre resalta con una gran sonrisa en la cara que debemos ser fuertes para lograr las metas y por el bienestar de todos aquellos seres queridos que han estado al lado poyándonos. La vida es lo que decidas hacer con ella, todo depende de cómo la veas”, concluye Vargas.

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