
Luz Karine Vargas.
Germain García con tan solo 15 años de edad llegó en el 2007 a Nueva Jersey con la ilusión de reencontrarse con su padre, que para su sorpresa ya tenía otra familia. “Cuando yo llegué mi padre me había rentado una habitación a dos casas de la suya, él solo me enviaba comida pero no nos veíamos, lo que me hizo pensar en volver a México debido a la soledad, pero me toco defenderme en ese barrio judío”, dijo García.
Empezó trabajando como ayudante de construcción los siete días de la semana, lo que provocó que se ganara un puesto fijo en la compañía. “Como muchos de los trabajadores sólo asistían tres o cuatro días a la semana, cuando llegó el recorte de personal los sacaron sin importar cuántos años llevaban en ese empleo. Como a mí me dejaron fijo, a los demás les dio mucha rabia”, dijo García mientras recordaba sus inicios en este país.
“Cuando cumplí los 17 años mi padre decide regresar a México y me deja a cargo de una mujer que es del mismo pueblo que nosotros, quedándome prácticamente solo en este país”, añadió García con la voz baja, pero esto le sirvió para tomar la decisión de vivir en Nueva York.
Al mudarse empezó inmediatamente a trabajar en una panadería. “Yo en esa época no entendía ni la mas mínima palabra en inglés y para identificar los diferentes panes era muy difícil, pero a la semana yo ya había aprendido todo el sistema de la panadería”, dijo García con orgullo.
Duró un año en la panadería hasta que se le presentó una mejor oferta laboral en una bodega de frutas. “Trabajaba de 6 AM a 12 PM hasta que un día un compañero me llevó a mi primera barra porque yo no bebía y allá conocí al DJ Jimmy que se hace llamar ‘Djriko’. Fue mi primer amigo en Queens y nos volvimos tan cercanos que vivimos juntos. Me enseñó todo para yo ser DJ. Empezó metiéndome a trabajar en ese lugar como mesero de 9 PM a 5 AM, así que tuve dos trabajos al tiempo por mucho tiempo”, recuerda García.
“También tuve a mi hijo en esa época, mi mayor felicidad y así que repartía mi tiempo para lograr cuidarlo en los espacios que tenía libres ya que nunca me gustaron las niñeras. Dormía cuatro horas diarias”, dijo García mientras sonreía al darse cuenta que el esfuerzo valió la pena.
Ya siendo todo un experto en el mundo de las barras, los dos amigos deciden hacer una inversión emprendedora. “Se nos dio la oportunidad y nosotros rentamos una barra en el turno del día, Jimmy era el DJ y yo era el mesero, pero cuando el dueño se dio cuenta que nosotros llenábamos el sitio, ese señor nos jugó mal y nos quitó la barra”, dijo García y añadió: “pero todo lo que pasa, pasa por algo”.
García recuerda que a los pocos días lo llamaron para ofrecerle un trabajo de manager y DJ en un restaurante colombiano. “Yo no tenía idea de cómo hacer ese trabajo y menos en ese lugar, tanto así que a mí me daba pena cobrar porque iba muy poca gente, pero poco a poco fue mejorando hasta que logré llenar el lugar”.
Ya lleva casi cinco años trabajando en el mismo lugar, destacándose por ser un hombre honesto, trabajador, buena persona, muy servicial y siempre queriendo ser el mejor en lo que hace. “Me considero una persona muy centrada y enfocada, yo trabajo, ahorro y cuido a mi hijo, esa es toda mi vida”, concluye García.
