Por Gissell Calvo.
El Coronavirus ha profundizado la crisis de salud, el desempleo, la inestabilidad de los negocios y ha generado incertidumbre. Los latinos llevan la peor parte porque en su mayoría son trabajadores esenciales.
El Departamento de Trabajo anunció que el pasado noviembre 778.000 personas solicitaron seguro de desempleo. Una cifra que dispara las alarmas a nivel nacional.
Alfredo Andrade tuvo que terminar con su negocio en la ciudad de Nueva York y ahora no tiene ingreso alguno. “Por más de 15 años tenía mi taller de carpintería, pero los clientes desaparecieron, no pude pagar la renta y me tocó despedir a todos los empleados. Lo perdí todo”, dijo Andrade.
Para Thomás Rodríguez, administrador del Restaurante Boulevard de Jackson Heights, Queens, una segunda ola de coronavirus sería devastadora. “Los restaurantes estamos funcionando con el 25% de capacidad y estamos recibiendo las instrucciones de protocolo para combatir una segunda ola de Coronavirus, lo cual sería insoportable”, dijo Rodríguez.
Los restaurantes y bares también emplean a miles de inmigrantes indocumentados, quienes no tienen empleo, trabajan pocos días a la semana y no reciben ayuda del gobierno federal o local. “Nuestra ciudad está en crisis y no podemos ayudar financieramente a los inmigrantes indocumentados, es una triste realidad”, dijo el alcalde Bill de Blasio.
Luisa Triviño se gana la vida día tras día y no espera nada del gobierno. “En medio de la pandemia la renta está por los cielos y todo está muy caro. Tenemos estrés, depresión y ansiedad y debemos acostumbrarnos”, dijo Triviño resignada.
La inseguridad también se ha apoderado de algunos vecindarios de Nueva York. Los crímenes siguen en aumento. Las pandillas aprovechan la soledad en las estaciones de los trenes, especialmente en la noche.
“Como mujer me siento súper insegura. Todo está muy diferente a lo que era antes”, dijo María José Moreira dirigiéndose a su hogar.
La doctora Katterine Maldonado dijo que debido al COVID-19 están incrementando los casos de ansiedad. “Ahora atiendo más pacientes con depresión. Dicen que se sienten más solos, que no pueden ver a sus familiares y esto los hace sentir mal”, dijo Maldonado.
Como le sucede a Miguel Adrián, quien ha estado aislado y no verá a su familia para esta época decembrina. “No es un secreto que la pandemia nos ha afectado. En mi caso, todos los planes que tenía pensados para este año tuvieron que ser aplazados. Trabajar desde casa es problemático, al igual que no ver a mis amigos y tampoco puedo salir del país”, dijo Adrián.
Martha Vargas tuvo Coronavirus y no quiere volver a contagiarse. “Tuve mucho dolor en el cuerpo, me iba a parar y parecía que me fuera a morir. Yo guardé cuarentena y a mi casa no va nadie porque además cuido a mi madre de 83 años”, dijo Vargas. “Estas fiestas de fin de año van a ser muy tristes. En la mañana me levanto y me pongo a llorar de saber que mi nieto, quien vive en otra ciudad, no pude venir a visitarnos. Solo Dios sabe cómo hace sus cosas”.
La ciudad ha cambiado. Regresar a la “normalidad” depende de la situación de cada persona, de su entorno, cultura y aspiraciones de vida.
