Con el nuevo alcalde de Nueva York se aproxima un cambio de paradigma dentro de la administración de la ciudad, pero los rezagos de un modelo de capitalismo especulativo, a costillas de los pequeños empresarios y de los trabajadores, continuarán incidiendo en Manhattan y en los otros condados.
Ahora mismo en Queens algunos residentes se niegan a aceptar los más fuertes coletazos del modelo Bloomberg que ha perjudicado a la comunidad de inmigrantes más diversa del planeta. Como ejemplo están la venta de terreno público a magnates de finca raíz, como el Mega Mall de 3.6 billones de dólares, la expansión del US Open en los terrenos de nuestro parque público y la imposición del Business Improvement District (BID) a lo largo de la Avenida Roosevelt.
Es apremiante por lo tanto evidenciar los intereses que aquí entran en conflicto e incluir los anhelos de la mayoría. Empecemos por identificar los problemas de la Roosevelt.
Es innegable que en la Avenida Roosevelt se viven diferentes expresiones violentas, aunque es fundamental diferenciarlas tanto por su naturaleza como por su magnitud. Además de la violencia directa, existe otra que es el fruto de la intolerancia étnica y cultural frente a la apropiación que una minoría inmigrante hace de un territorio particular.
Estos son los tipos de violencia que existen en la Roosevelt: uno por el crimen organizado, dos por la violencia común y tres por la intolerancia a las propuestas culturales de los inmigrantes.
Para confrontar al primer tipo de violencia generada por el poder mafioso, es indispensable el establecimiento de planes estatales y multisectoriales. Asumir tareas como la inversión en asistencia médica y psicosocial para el consumidor de estupefacientes y la aplicación de medidas de tipo policial y de inteligencia que permitan combatir efectivamente tanto el trafico internacional de narcóticos como la trata de mujeres, de niños, de inmigrantes y en general de las poblaciones más vulnerables.
Sobre el segundo tipo de violencia, la común, es de resaltar que su combustible primordial es la carencia de empleo de buena calidad. Y es aquí donde los pequeños negocios juegan un rol definitivo en el mantenimiento de los bajos niveles de desempleo y subempleo. Aquí el estado debe apoyar tanto a empresarios como trabajadores, el acceso a infraestructura para los negocios y el derecho de los trabajadores a un salario digno.
Sobre el tercer tipo de violencia, que se origina por el miedo a lo nuevo y desconocido, a los inmigrantes, vale destacar que ni los sabores u olores de los restaurantes o puestos ambulantes, así como tampoco de los supermercados chinos, indios o latinos, deben ser motivo de censura en una sociedad civilizada y pluralista. Nueva York debe respetar las diferencias étnicas que tanto les preocupan a las grandes compañías de mercadeo y publicidad.
Si permitimos que nuestra visión de ciudad siga siendo infectada por la agresividad de los publicistas que quieren masificar mercados e imponer sus marcas, terminaremos por hacer de las calles de Nueva York el gran centro comercial en donde McDonald’s, Taco Bell y Dunkin’ Donuts desplacen los vibrantes negocios locales.
Entonces me pregunto, ¿queremos acabar con la pobreza o con los pobres? Si la respuesta es acabar con los pobres, entonces hay que seguir incrementando la renta, re-zonificar para construir edificios lujosos, abrir tiendas en cadena, desregular las rentas residenciales, retirar a los trabajadores informales, privatizar la educación, aumentar los impuestos y reducir la participación política y criminalizar a los inmigrantes para deportarlos.
Pero si la respuesta es que queremos acabar con la pobreza de la Roosevelt, deberíamos impulsar los pequeños negocios y mejorar el salario de los trabajadores para que tengan mejor poder de compra e inviertan en los negocios locales. ¿Por qué como miembros de la comunidad consideramos que el BID no es conveniente como está planteado? Porque la mayoría de las personas en la junta directiva del BID son ciudadanos con intereses específicos y dueños de propiedades.
Si sabemos que las rentas en la Avenida Roosevelt están dentro de las más altas de la ciudad, ¿qué garantizará que la cuota cobrada por el BID y fijada por la junta directiva no se eleve arbitrariamente y en contra del interés de los arrendatarios? ¿Qué garantizará que inversionistas multimillonarios que compren propiedades en nuestra comunidad no se adueñen de las decisiones de una junta directiva en donde son la mayoría? Estos inversionistas de finca raíz también impondrán sus códigos de estética en las edificaciones.
No podemos depender de la buena fe de un grupo cuyos intereses son diferentes a los de la comunidad. Si los BID quieren funcionar sin violentar la democracia y la participación ciudadana, entonces deben ser modificados
Otra importante carencia de los BID son los mecanismos electorales que les dan vida. Su legislación es totalmente antidemocrática puesto que si la comunidad quiere rechazar el BID, son requeridas las firmas certificadas de la mitad más una de los propietarios. Para que el BID gane, basta con que la mayoría simplemente no vote. En otras palabras, la abstención garantiza el voto a favor del BID.
Si los BID no son reformados en el Concejo, seguirán siendo un poderoso instrumento en manos de los “desarrolladores” y dueños de propiedad y una pérdida de la participación y de poder popular.
Freddy Castiblanco es un activista y dueño de Terraza 7