Obrero de construcción y empresario

Richar Loor trabajando en construcción. Foto Karine Vargas

Por Luz Karine Vargas  – 

Sentado al volante de su taxi y en medio de una charla amena, entre risas y sorpresas, Richar Loor se confiesa: Yo en realidad trabajo en construcción y hago taxi en mis tiempos libres para completar mi sueldo”.

Con camiseta negra y una mascarilla blanca kn95 que no le permite disimular los bostezos de cansancio,  Loor se esfuerza en soltar una carcajada.

“En el año 2003 llegué a este país a la casa de unos familiares”, dijo Loor. Nunca se imaginó terminar viviendo en el país conocido como la potencia mundial.

Este ecuatoriano de raíces costeñas empezó su vida laboral en Nueva York en un restaurante. “Me dio la oportunidad de mi primer trabajo, a mí me tocaba lavar platos, hacer domicilios y apoyar a mis compañeros en lo que necesitaran”, dijo Loor.

“Mis amigos ya tenían tiempo trabajando en construcción y me recomendaron con el jefe de la empresa para que me diera empleo”, dijo Loor. Sus nuevas amistades le sugirieron la construcción como un empleo mejor remunerado.

Loor empezó en la construcción como ayudante. “La empresa construía edificios y hacía de todo, pero yo por ser principiante solo trasladaba herramientas y movía bolsas de cemento”, recuerda Loor que así inició esta nueva aventura.

“Yo saqué mi OSHA e hice muchos cursos, lo que más me gusta es hacer paredes (chirrar) y carpintería”, dijo Loor, que con el paso de los años ha aprendido a desenvolverse muy bien en cualquier área de la construcción.

Después de algunos años toma la decisión de cambiarse de compañía. “Tenía amigos que trabajaban por su cuenta y me dijeron que fuera a trabajar con ellos y así lo hice”, recuerda Loor mientras esperaba que el semáforo cambiara de color.

A medida que fue aprendiendo más cosas en la construcción, pudo trabajar en diversas ramas. Entre más experiencia adquiría, las ganancias incrementan para Loor.

Con 17 años en la construcción, Loor se independizó y trabaja ahora en su propia empresa, aunque sus finanzas disminuyeron a causa de la pandemia.

“Muchas empresas pararon operaciones, otras cerraron y los ahorros disminuyeron drásticamente”, dijo Loor y admitió que ese es el motivo por el cual también trabaja como taxista para recuperar un poco lo perdido.

Loor trabaja cinco días a la semana en doble turno y descansa dos días para compartir con su familia. “Todos ya nos vacunamos y estamos bien”, dijo Loor. Nadie de su familia estuvo enfermo de gravidad con Covid.

Las cuentas no paran y menos para un padre de familia. Dos niñas me esperan en casa y yo haré lo que sea por ellas”, termina diciendo Loor mientras mira por el retrovisor de su taxi.

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