Librería Barco de Papel: oasis cultural en NYC

Paula Ortiz está dirigiendo la Librería Barco de Papel. Foto Sandra López

Por Sandra López  — 

La diversidad de Jackson Heights, Queens, se percibe tan pronto sales de la estación de trenes y buses de la calle 74 y Roosevelt Avenue. Tus sentidos se cargan con un mar de personas, la bulla, la variedad de comida y los ritmos musicales. Una comunidad dinámica y ruidosa.

“Este es un barrio súper diverso que yo adoro con la profundidad de mi alma. Yo le digo a todo el mundo que vivo en Jackson Heights y me sale del corazón. Me siento como si hubiera nacido aquí”, dijo Paula Ortiz, la propietaria de la Librería Barco de Papel que es la antítesis del ritmo energético de Jackson Heights.

Ortiz vino a los Estados Unidos hace más de dos décadas. Desde entonces, plantó sus raíces en el barrio de Jackson Heights, donde empezó en el 2003 el negocio de la librería con su compañero Ramón Caraballo. Hace dos años Ortiz tomó el mando del negocio.

En la ciudad de Nueva York casi el 20 por ciento de sus residentes hablan español y la Librería Barco de Papel es la única que todavía vende libros en este idioma.

Ubicada en la calle 80, a pocos pasos al este de la Roosevelt, la Librería Barco de Papel sobrevive en el barrio más diverso de La Gran Manzana y quizás del mundo. Allí entrevistamos a Ortiz:

En Instagram y Google la identifican como la única librería en español en esta ciudad. ¿Cómo fue eso?

Desde hace 15 años las librerías se están cerrando por la digitalización, los cambios demográficos y otras razones económica como el alto costo de la renta. Nosotros siempre hemos pensado en algo más allá de la librería porque tenemos un gran inventario, único y amplio. Además, este es un gran vecindario, con cosas buenas y malas, que necesita una librería en español. Esta es nuestra filosofía.

¿Cómo ha cambiado la librería desde que tomaste las riendas?

Todavía es el mismo tipo de librería. Sigue siendo comunitaria, el centro de reuniones locales. Hemos cambiado en la forma como estamos aceptando las donaciones y tratando de llegar a un púbico nuevo. Nos estamos adaptando a las necesidades de la comunidad y al mundo digital.

¿Y durante la pandemia?

Fue muy difícil por varias cosas. Primero, porque nosotros somos un negocio no esencial… y segundo, porque éramos de un solo propietario. Los espacios comunitarios fueron considerados no esenciales. No tuvimos acceso a subsidios para pequeños negocios porque no teníamos nómina. Aunque encontramos el apoyo de nuestros amigos, la comunidad, una electricista que nos ayudó, otro que pintó y aquellos que nos donaban libros. Tuvimos que abrir el espacio y reinventarnos.

¿También están arreglando el espacio afuera?
Llevamos un año y medio hablando con un representante de una oficina de arquitectos que busca organizaciones sin ánimo de lucro que están enfrentando tiempos difíciles. Los restaurantes eran los únicos que podía expandir sus espacios afuera, pero estos arquitectos lograron que Barco de Papel tuviera su espacio al aire libre.

La entrada a la Librería Barco de Papel. Foto Sandra López

Difundir la cultura durante la pandemia es difícil ¿verdad?
Nos tenemos que reinventar. No quiero decir que desconocíamos los desafíos tecnológicos, pero recurrimos a voluntarios para promover el negocio por Instagram. Recibimos un subsidio para mejorar nuestro sitio web e impulsamos nuestro alcance digital. Hemos colaborado con otros negocios sin fines de lucro que necesiten el espacio. No hicimos reuniones virtuales porque no sabíamos cómo hacerlo, aunque hicimos la primera el pasado 12 de agosto.

Sandra López es estudiante y periodista en el Programa de Periodismo Bilingüe de Craig Newmark Graduate School of Journalism de CUNY.

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