
Por Luz Karine Vargas —
Son las 5:30 de la tarde de un día de verano en la ciudad de Nueva York. En la estación del tren de Jackson Heights y la calle 74, junto a los torniquetes, mirando el reloj puesto en su mano derecha, está Viviana Montenegro. Espera a una de sus hijas.
“Yo tengo dos hijas, Fany es la menor y trabaja mucho, me preocupa que este tarde en la calle y por eso vengo a buscarla al tren”, dijo Montenegro pendiente de todas las personas que transcurren esa tarde.
“Mi hija menor tiene 24 años y nació en este país, así que yo debo de tener unos 25 o 26 años viviendo en Nueva York”, dijo Montenegro recordando sus inicios en la ciudad.
Su hija mayor, cuyo nombre también es Viviana, la llama en ese instante para saber cómo está. “Yo me traje mi hija mayor de mi país de origen y no pude tomar una mejor decisión”, dijo Montenegro sonriendo.
“Cuando recién llegué, una amiga de mi país fue la que me dio hospedaje, a mí y a mi hija. Siempre he vivido en Jackson Heights”, dijo Montenegro. Empezar de cero fue duro.
En Nueva York conoció al último hombre con el que ha estado en su vida. “Mi esposo falleció hace ya muchos años, fue una persona muy buena, él es el padre de mi hija menor”, dijo Montenegro, cuyo esposo se dedicaba a la construcción.
“Me he dedicado casi todos estos años laboralmente a la limpieza de diferentes lugares como tiendas, casas y apartamentos”, dijo Montenegro, quien tiene mucha experiencia en esa labor.
Muchos años atrás, Montenegro trajo a su madre a la ciudad de Nueva York. “Vivimos juntas, pero lastimosamente falleció acá por una enfermedad”, recuerda Montenegro. “Me he ido quedando sola”.
“No tengo más familia en mi país, acá en Nueva York vive mi hermano”, añadió Montenegro, cuyos planes es pasar el resto de sus días en este país.
“En la pandemia estuve bien, nunca me enfermé y ya tengo todas las vacunas”, dijo Montenegro. Pero se ha quedado sin empleo y aún está en busca de una oportunidad laboral porque no le gusta estar en casa sin hacer nada.
Montenegro quiere mucho este país a pesar de que dijo haber sufrido tanto. “Acá mis hijas hicieron sus carreras profesionales y tienen sus vidas”, dijo Montenegro, quien no cambia la ciudad de Nueva York por ninguna otra.
