Historias de inmigrantes en Queens por Plinio Garrido

Estas historias de inmigrantes fueron publicadas en la edición de febrero de QueensLatino.com. El escritor Plinio Garrido los entrevistó en sus hogares o lugares de trabajo. Son historias cortas que hablan del “sueño americano” y de sus deseos de superación.

Bryan Rodríguez: trabajar en lo que sea

Hace 30 años que Bryan Rodríguez vive en los Estados Unidos. Llegó jovencito  de Latinoamérica. Paga renta en Corona, pero no sabe  hasta cuándo puede aguantar donde vive, de continuar sin ingresos. Acaba de dejar su trabajo como vendedor de carros en una agencia del condado de Queens. “Nadie quiere comprar carros; mi situación ha bajado de opaca a gris y tiende a convertirse en oscura sino  obtengo un trabajo rápido”, dijo.

Lo encontré comiéndose un “refrigerio” en un McDonald cerca a la estación 103 Street y Roosevelt Avenue, del tren 7. Hacia parte de un triángulo de comensales  que “examinaban” el tema de la burbuja inmobiliaria, explicando Bryan, “las causas reales” de la crisis hipotecaria que tiene “hipotecado a este país en un atascamiento económico sin precedentes.

“Tengo motivos de peso para hablar de ello, pues a causa de esta crisis  perdí mi trabajo en Florida como administrador de propiedades, de donde  fui brutalmente desplazado. Para colmo, perdí todo lo acumulado hasta entonces, en un plan de retiro fraudulento.

“Con o sin crisis no me puedo quedar con las manos cruzadas, ni hundirme en el desespero”, dijo. Al preguntarle qué pensaba hacer, me agregó: “Estudiar. Algo nuevo, o sea las nuevas tecnologías aplicadas al mercado laboral de esta época.  Buscar nuevas oportunidades”.

¿Pero mientras estudia, cómo va a mejorar su situación económica actual?, fue cuestionado.

“Encontrando un trabajo. El que sea. Crisis es crisis. Y cuando toca, toca…”.

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Diana Ochoa-Fonseca: cursos para refrescar

Esta mujer se gana la vida como agente de Real Estate, una profesión que ha sido estremecida por la crisis inmobiliaria que sacude los cimientos económicos de Estados Unidos y de muchos otros lugares del mundo. Por eso Diana Ochoa-Fonseca pasa mas tiempo en la oficina, frente a la computadora o mostrando propiedades inmobiliarias a clientes que quieren comprar casa en Estados Unidos y hacer suyo el “Sueño Americano”.

La experiencia de los años en esta profesión le ha proporcionado a Ochoa las herramientas indispensables para resistir los embates de la crisis que enfrenta la industria para la cual trabaja a veces 7 días a la semana. Así, sabe manejar la situación cuando, tras un enorme esfuerzo, el cliente decide que no va a comprar la casa mostrada.

“Las compras de casa se ha vuelto mas pausadas, con las nuevas regulaciones a las personas hay que verificarles que pueden comprar casa antes de mostrarles propiedades”, dijo Ochoa. “Así, pues, sus ingresos no son los de antes, el trabajo es más duro y se llega a casa mucho más tarde.

“Las casas que están en el mercado son demasiado caras, no se venden o duran más  de seis meses sin vender. Mi situación familiar ha sido afectada a raíz de las  situaciones antes mencionadas.

Ochoa dijo que “muchas cosas están fuera de control y solo con paciencia puede uno salir adelante. Trabajando correctamente, con profesionalismo, es la única manera de poder llegar a donde uno quiere. Es preferible hacer las cosas bien desde  un principio que ayudar a que vuelva a producirse una crisis como la  que estamos viviendo ahora.

“Es doloroso ver a las personas que perdieron sus propiedades, todavía hay confusión, y para muchos es como una pesadilla, pues han despertado a  una realidad que las pone en peor situación que cuando empezaron.

“Gracias a Dios la empresa para la que trabajo (EXIT) tiene en su equipo entrenadores especializados en diferentes aspectos de bienes raíces y como agentes tenemos que tomar cursos para refrescar nuestros conocimientos”.

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Natalio Rafael Martínez: fe cristiana contra la crisis

En la iglesia Pentecostal Aliento de Vida (en la antigua sala de cine de la 103  y Roosevelt Ave., frente a la estación del tren 7) todos lo llaman “el hermano Natalio”. Es una especie de hombre orquesta, incansable en su quehacer y trabajando a deshoras de ser necesario, si alguien requiere de su auxilio. Natalio siempre está listo para ayudar, sobre todo en las crisis de fe.

La iglesia Aliento de Vida se dedica a la restauración de individuos y familias  en sus problemáticas espirituales y en los conflictos familiares. “La crisis económica nos ha golpeado tremendamente a todos, particularmente a  los latinos en este gran país, pero los que creemos en una padre celestial, estamos fortalecidos por el poder de Dios”.

Natalio es parte del liderazgo de esta iglesia con una membresía de más de mil fieles. No todos llegan a los cultos del miércoles y del domingo, pero Natalio  los conoce a todos, y de alguna manera se comunican en él, lo que le permite saber de sus realidades y necesidades.

“Nueva York es una ciudad maravillosa, escogida y bendecida por Dios”, dijo Natalio. “Yo tengo fe en que veremos un resurgir de la economía”. No como ‘predijo’ una psíquica en un canal de TV, que viene una caída apabullante de la economía. Oro por este país y también lo hago por el mío, Quisqueya, azotado como está por el flagelo de las drogas”.
Previo a la entrevista Natalio contestó varias veces su teléfono celular. Antes, había estado “mapeando” el ancho pasillo de la iglesia para dejarlo listo al culto del domingo. Después tomó unas ligeras clases de guitarra. Al fin me recibió, feliz de conocer las notas musicales e identificarlas en una guitarra.

“Las crisis hay que enfrentarlas con fortaleza. Principalmente, fortaleza espiritual. Pero también hay que prepararse. Y si la crisis es económica, toca practicar el  ahorro, buscar nuevas oportunidades, revisar nuestros gastos, sobre todo debemos creer firmemente en que Dios jamás nos desampara si creemos y confiamos en él”,  concluyó el ‘hermano Natalio’.

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Pablo Torres: optimismo y trabajo duro

Es un notario que además presta servicios múltiples de papeleo y documentación legal a sus paisanos ecuatorianos desde su pequeña oficina  en Corona (Roosevelt Avenue, entre las calles 94 y 95).

Pablo Torres es un hombre joven. Y todo hace pensar que es profesional graduado en su país de origen: algo que no menciona, pero que se trasluce en la conversación con sus clientes.

“Me ha afectado la crisis tremendamente, pues muchos de mis clientes se han mudado para otros estados, sobre todo en el 2010 que la clientela bajó de manera brutal.
“La pérdida de casas de la gente, sobre todo de nuestros paisanos latinos en Corona  ha sido devastadora, peor con la falta de trabajo, pues resulta un coctel peligroso. El consumo de alimentos nutrientes ha mermado, pues la gente come menos y compra productos de menor calidad”.

Torres tiene un lenguaje depurado y modales de los que se infiere una personalidad estructurada. “Estos tiempos difíciles son de retos que yo asumo incrementado el  esfuerzo en mi negocio, con más inversión, incluso he empleado una persona más,
estoy pensando en más publicidad y más horas de trabajo.

“Me gusta asimilar con optimismo las cosas, pues si me deprimo, sin dudas, los momentos malos van a empeorar. El mío es un optimismo razonable por supuesto, pues hay que tener los pies en el piso. Pero asimismo, hay que tener fe en el trabajo”. Sus palabras las confirma con el hecho de estar en su oficina el sábado por la tarde, en plena faena, pese a que las calles están llenas de nieve, con poca gente transitando y con la advertencia de que el clima no va a mejorar. También trabajará el domingo.

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