
La edición impresa de QueensLatino.com destacó en la portada a Las madres inmigrantes, quienes aparecen aquí en la edición digital. Luchadoras, amorosas y emprendedoras. Lea sus historias en el mes de las madres y aprenda de su ejemplo y dedicación a la familia. El amor de madre es inconmensurable e incondicional. Estos textos son nuestro regalo a todas las madres inmigrantes de Nueva York y del mundo.
(Ver aquí video de Otoño y Primavera cantando Malagueña en el Parque Flushing de Queens)
Otoño y Primavera
Cantantes populares: “Llevamos la música por dentro”
Otoño llegó de Cuba en 1947. Un día dio a luz a Primavera. Quien nació en Riverside, Manhattan. Madre e hija siempre han estado juntas y cantar y bailar ha sido el hilo conductor de sus vidas. Residen en Queens y son muy queridas y reconocidas donde quiera que se presentan para una actuación. En su repertorio tienen piezas latinoamericanas y cantan en inglés, español, francés, italiano y latín. Otoño ama las canciones de Libertad Lamarque, Valeria Linch y Julio Jaramillo entre otros intérpretes de época y recalca que Primavera es una “mezzo soprano a contraalto” y que ella misma estudió siete años en un conservatorio. En su largo ir y venir una y otra vez por distintos lugares de la Nueva York latina, lo mismo han sido reseñadas por el periódico Daily News que exaltadas por Polito Vega, el locutor de radio y presentador de canciones famosas en emisoras locales. También tuvieron la oportunidad de cantar con Celia Cruz y lo mismo interpretan boleros, operetas, que salsa o música tropical. “Después de Dios mi hija”, dijo Otoño, mira a Primavera con ternura y empieza a sobarle la cabeza. Otoño y Primavera actúan en centros comunitarios en los vecindarios de Queens, cantando y bailando. Otoño, además, ofrece una mini rutina de ejercicios que imparte en la organización Se Hace Camino Nueva York (Make the Road New York) en Queens. Con su hija, se declaran poetas, compositoras, declamadoras y actrices. Otoño dijo que “Dios me ha premiado con la mejor hija del mundo” antes de coincidir con su hija en sus preferencias por la comida china, “también porque es más económica”, recalca Primavera. En el futuro inmediato quieren seguir cantando y bailando en cada lugar que les sea posible “y donde nos inviten”, dijo Otoño.
María Moncada

Madre de familia: “Estados Unidos me ha dado mucho abrigo, por eso lo amo”
Viajó a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades . Madre de tres hijos y desde su llegada hace 16 años ha estado “luchando por sacar a mis hijos adelante”, a quienes califica como personas que se han superado para ser personas que viven con dignidad. “La vida me ha puesto pruebas y me ha tocado vivir muchas crisis”, dijo esta madre. La peor crisis fue el problema de salud que enfrentó y que la tuvo hospitalizada por mucho tiempo, pero la voluntad, sus ganas de vivir y el amor de sus hijos le dieron la fuerza para superar esos momentos. “Agradezco muchísimo a este país el abrigo que me dio cuando estuve enferma”. Sus padecimientos y su posterior intervención quirúrgica debido a una grave dolencia cardiaca, fue una de las mayores pruebas que le ha tocado encarar. Le gusta toda la comida latinoamericana, en especial la ecuatoriana y la colombiana; de igual manera le gusta toda la música latina. Moncada, quien vive con su hijo Sebastian en el condado de Queens, se reconoce como una persona caritativa y que, por ende, le gusta ayudar a los demás y tiene una profunda fe en Dios. Sus hijos son el centro de su existencia, y “ser madre es lo más lindo que le puede ocurrir a una mujer, en ese sentido yo soy un ser humano privilegiado y profundamente agradecida de Dios”.
Libia González:
Madre caribeña: “Nada es mejor que un sancocho de bocachico”

Tiene 11 años de vivir en Estados Unidos y ha trabajado “de todo un poco” para ayudar a su familia, la cual se quedó en Barranquilla. Es de Campo de la Cruz, pequeña población del departamento del Atlántico, entre los más golpeados por las lluvias del año pasado y con mucho temor en su población por lo que pueda pasar. Trabaja lo mismo en limpieza, o cuidando niños. “Lo importante es obtener los ingresos necesarios para ayudar a mi familia, ya que me toca hacer de padre y madre en la parte económica”. La lejanía con sus hijos la hace sentirse nostálgica: “Me hacen mucha falta; los recuerdo cada día y en cada momento”. La tristeza sube a su semblante y humedece sus ojos. “Nada es más importante para una madre que sus hijos”, dijo González. Su semblanza cambia cuando tocamos el tema gastronómico. Hablamos del sancocho de bocachico, del arroz con liza, del plátano pícaro, del arroz con coco, de los chicharrones con patacón, de la chicha y el mazato, de las arepas con huevo, del sancocho de gallina, y en general de la riqueza culinaria sin fin de la Costa Caribe Colombiana. Sus preferencias musicales tienen el sello costeño: cumbia, vallenato, salsa, porro sabanero, aires tropicales. “Pido a Dios que cuide de mi familia en Colombia; en especial de mis hijos y voy a seguir trabajando duro para seguirlos ayudando”, terminó diciendo.
Rosa Sánchez
Madre soltera: “Lo mejor para mis hijos”

Le demoró dos días atravesar un desierto y otros territorios accidentados antes de llegar a la ciudad de Estados Unidos donde la dejaron los coyotes y tras pagar el valor de la cruzada. Esta madre soltera de dos varones y una hembrita, dejó a su familia y a su país tratando de probar una mejor realidad en Estados Unidos. Hace 4 años vive en Nueva York. “Mi vida en México era ya insostenible, nunca había para pagar la renta, los servicios y las otras necesidades de una familia, que son muchas”. Vive en Queens y hace distintas cosas, limpieza, oficios varios, y hasta ha trabajado en una imprenta metiendo folletos en los periódicos ya impresos. “En mi país los pobres no tenemos ni defensa ni esperanza”, dijo Sánchez. No obstante las dificultades que enfrenta en materia económica, es una mujer que siempre intenta ganarle la batalla a la nostalgia y a la tristeza, y que no se arruga ante las dificultades, y anda siempre a la búsqueda de mejores cosas para ella, y para ayudar a su familia. “Mis hijos son lo más importante de mi vida, como creo que ocurre con todas las madres”. El mole poblano es su mayor delicia a la hora de hablar de comidas, lo que no excluye las carnitas a la mexicana y obviamente los infaltables frijoles refritos, las tortillas y el chile jalapeño, sin dejar a un lado el arroz colorado. “Tengo fe en Dios para que cada vez me vaya mejor”.
Fanny Maldonado
Madre y abuela feliz: “Hay que saber vivir la vida y disfrutarla”

Ni ella ni su esposo Hugo necesitan trabajar. Lo hacen por mantenerse activos, satisfechos de ganarse el sustento, ella a los 70 años, y su esposo sin edad comprobada. Llevan 51 años de casados y 46 de vivir en Estados Unidos. En el semblante de Maldonado se manifiesta esa tranquilidad que da el haber hecho bien las cosas, siempre. No obstante, como madre guarda una pena: la muerte de su hijo mayor hace ya algunos años. “Un vacío que nada lo llena ni tampoco hay reemplazos”, dijo Maldonado. Su hijo había estudiado artes plásticas y era pintor. Le quedan los otros tres y entre todos le han dado nueve nietos. Sus hijos y sus nietos son la razón de continuar viviendo en Estados Unidos “En Manta viviría como una reina”, dijo esta madre ecuatoriana. Obviamente ya están jubilados, y tienen algunas propiedades en Ecuador. Su relación con sus hijos le da tranquilidad, sosiego y la certeza de haber hecho lo correcto siempre le confiere el derecho a la placidez que disfruta en su diario vivir. Es una enamorada de la música romántica de su época y a la hora de sentarse en un restaurante, prefiere que sea español para degustar una rica paella. ¿De su país?, prefiere una buena morcilla, “como las de Manta”, dijo. “Ser madre es una experiencia incomparable que no se puede describir con palabras”, concluyó Maldonado.
Silvia Barahona
Madre esperanzada: “Quiero la reunificación de mi familia”

Su mayor anhelo es poder traer a su otro hijo de su país, y del cual no quiso decir su nombre. Mientras tanto cuida con esmero a Matthew y Edward, sus dos pequeños. Barahona es una madre joven que quiere aprender un oficio acorde a su circunstancia de madre que no trabaja porque no tiene con quién dejar a sus hijos, ni tampoco quiere hacerlo… pues, “¿trabajar para pagarle a un day care una babysitter? —exclama—, ¡no!, mejor me quedo en casa y disfruto de mis niños”. Su marido es quien sostiene a la familia; ella explora en su vecindario las organizaciones, sean oficiales o sin ánimo de lucro, que realmente otorgan ayudas o al menos orientación para casos como el suyo. Repite su anhelo máximo: la reunificación familiar. Mientras, se concentra en el diario vivir y busca que no se la trague la rutina. Las bachatas le alegran la vida y la cantante italiana Laura Pausini la pone a suspirar con sus canciones románticas. Si salen a comer (con su marido y sus hijos), es casi seguro que pedirá un hornado al mejor estilo ecuatoriano. “Mis hijos representan todo el amor del mundo, es lo más hermoso que me ha pasado, ser madre. Una no puede explicar la grandeza de lo que siente hacia los hijos y lo que ellos significan para una madre. Mis hijos son mi vida y quiero para ellos un buen futuro”.
Amalia Cisneros
Cocinera naturista: “Evite la comida chatarra”

Cuando llegó a Nueva York en septiembre de 1991, Amalia Cisneros no trabajó y se dedicó a cuidar a su hija Avilene, quiena ahora tiene 18 años. Su esposo Máximo, quien trabaja en restaurantes, llegó primero y luego fue por ella a Oaxaca. “No lo pensé dos veces”, dijo Cisneros una tarde reciente. “Lo más importante en la vida es mí esposo y mi hija. La familia siempre está primero y cuido mucho de su salud”. Esta madre inmigrante dijo que alimenta a su familia con productos naturales y frescos, evitando la comida chatarra, la carne roja, la leche y los azúcares. Es alumna del naturista Manuel Pinzón, quien tiene fama en Nueva York de curar enfermedades con una buena alimentación y una actitud positiva frente a la vida. “Aquí llegamos a trabajar y por eso nos tenemos que alimentar bien. La cocina también pude ser usada para compartir en familia, observar y experimentar y promover el diálogo entre padres e hijos”, dijo Cisneros. “Como padres estamos obligados a fomentar la educación entre nuestros hijos y que aprendan a hacer las cosas sin exigirles todo el tiempo”. Su plato favorito: Chiles poblanos, anchos y secos, rellenos de quinua, orégano, amaranto, ajo, cebolla, , pimientos rojos y sal de mar. Una combinación méxico-peruano.