¿Por qué es importante el proceso de paz en Colombia?

El proceso de negociaciones en Cuba ha logrado avances y todo indica que será irreversible. El cese de la balacera entre el gobierno y las Farc parece que llegará a su fin, gracias a la decisión política de esos dos actores del largo conflicto armado en Colombia. El Estado logrará el monopolio de las armas y los alzados se reintegrarán a la sociedad. El sentido común indica la importancia de apoyar el proceso y sus acuerdos y no adicionar más muertos a los 200.000 de esta segunda violencia. Enfaticemos que si las Farc dejan de existir, dejará de existir el argumento que nutre la esencia del Centro Democrático.

De la misma manera hay que detener el alevoso asesinato de sindicalistas, dirigentes sociales, periodistas y de miembros de grupos políticos y además en la más grande impunidad. El país no puede rendirse ante quienes organizan paros armados y al mismo tiempo respaldan al senador Uribe que está complacido con esos aliados de siempre. Al gobierno le corresponde reconocer la existencia y asumir el desmantelamiento del paramilitarismo.

El sentido común indica, que hay que detener los desplazamientos y despojo de millones de compatriotas, las masacres, más víctimas de los falsos positivos. Este 9 de abril se  conmemoró nuevamente el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas. También se rechaza el secuestro, la extorsión, los negocios mafiosos, el atentado personal para dirimir diferencias políticas, el ataque a la población civil, así como la destrucción de la infraestructura de las regiones que solo afecta a sus pobladores. Que quede claro que es inaceptable hacer política armada y hacerla a nombre de las gentes de trabajo.

Este conflicto armado facilitó e impuso los tratados de libre comercio, el desarrollo agrario de palma africana, los mega-proyectos y minería multinacional como eje del modelo económico promovido por las agencias internacionales y Washington, a la vez que está exterminando la agricultura y la industria nacional.

Las preguntas a quienes se oponen a las negociaciones: ¿Quieren la continuación de la guerra? ¿Saben que ese conflicto no tiene ganadores? ¿Hay que seguir pregonando el todo se vale y la matonería en todos los tejidos sociales? ¿Quién cree que los militares sentados en la mesa de negociaciones están entregando al país a los exguerrileros? ¿Será errado que organismos internacionales y el gobierno estadounidense apoyen la superación del enfrentamiento entre esos actores del conflicto colombiano?

El movimiento social y la izquierda democrática logrará así ampliar sus luchas e incorporar a nuevos sectores a la tarea de conquistar la soberanía, defender y promover la producción nacional, lograr la dignidad del pueblo y la nación.

Será más claro lo que dijo Jorge Eliecer Gaitan : “ que la oligarquía liberal conservadora” sigue siendo la depredadora, la opresora, la corrupta y promotora del atraso, la pobreza y quiebra de la nación. La oposición política y los movimientos sociales apoyan el proceso de paz pero no se convertirán en gobiernistas. Eso fue demostrado con el formidable paro nacional del 17 de marzo. Exigieron un programa de emergencia para la Guajira y sus niños, alza de salarios y del subsidio del transporte, denunció la venta miserable de Isagen y la intentona de vender a Ecopetrol y otras empresas del Estado, rechazaron la importación de alimentos con arancel cero y la amenaza del presidente Santos de adherirse al TPP-TLC de Obama que profundizará la ruina de Colombia y que afectará también al pueblo estadounidense del que hacemos parte los colombianos residentes esta ciudad. De ahí la importancia de oponerse a ese TLC/TPP. También demandaron la revisión de los TLCs firmados con Estados Unidos, Canadá y Europa.

Para el único partido opositor con presencia parlamentaria y social ajeno a la lucha armada, el trepidar de los fusiles ha sido un desastre desde siempre y que la solución política negociada es el camino para superarla. Estos son los postulados que los ha acompañado desde su aparición. De ahí la importancia de los acuerdos a que puedan llegar el gobierno y la guerrilla. A los dos bandos sentados en la Habana y a sus seguidores como a sus detractores les disgustarán algunos de los acuerdos y esperarán más o menos en otros. Lo clave es que se lleguen a acuerdos para que cese el torrente de sangre y dolor para las gentes. Así los pleitos del país y sus ciudadanos serán más diáfanos y las vías más claras.

Seguramente el gobierno, Washington y las corporaciones multinacionales tengan otro interés de sacar adelante la paz. Los trabajadores, el pueblo y la oposición política tendrá otro.

El mecanismo de refrendación no está claro y puede temerse que no haya, pués el gobierno no está obligado legalmente a adelantarlo. Hay que insistir en que lo importante es que se silencien los fusiles de estos dos actores armados del conflicto colombiano y nos aprestemos a que el pueblo de allá y los casi diez millones de colombianos residentes en el extranjero cada vez más asuman la tarea de conquistar otro modelo económico que permita el progreso de las mayorías en contravía al modelo impuesto y defendido por el santismo y el uribismo. Al mismo tiempo que se reconstruye un país tolerante y democrático.

Carlos Fernando Salamanca es activista

 

 

 

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