
Por Luz Karine Vargas
“Yo tenía 12 años cuando la vida se me empezó a tornar dura. Mi padre era un gran agricultor en Colombia, nos criamos con ganado, caballos, gallinas, de todo teníamos, pero todo eso se acabó cuando la guerrilla le quito la finca a mi familia por ser conservadores”. Con estas palabras comienza su relato de lucha Pili Castro, mujer de 73 años de edad proveniente del Valle del Cauca. Lleva 36 años viviendo con su hijo Carlos Castro en Corona, Queens. Se siente realmente enamorada del sitio que la recibió y ha sido participe en su batalla personal por salir adelante.
“Yo era la mayor de todos los hijos, me internaron en un colegio de monjas porque mi padre no tenía dinero para educarme. Me recibieron gratuitamente si trabajaba sirviéndole a las niñas que sí pagaban la matrícula en el colegio. No veía a mi madre sino cada año, pero mi padre me iba a ver cada ocho días. En ese entonces el presidente Kennedy de Estados Unidos creó un programa para otorgar alimentos en los colegios de Sudamérica y allí me nació la vocación de ser enfermera”, recuerda Pili Castro. Sentada en su silla en la intimidad de su hogar, Castro recuerda con nostalgia todo lo que la llevó a tomar la decisión de ir tras el sueño americano, que comenzó a los 19 años de edad.
Esta mujer que siempre se muestra con agradables gestos de amabilidad, conoce en carne propia lo que hay que sacrificar para obtener un mejor futuro. “A los 14 años entré a estudiar de forma gratuita a un instituto y a los 18 años ya era enfermera. Empecé a trabajar en los hospitales y llegaban compañeros de trabajo con fotografías hermosas de New York, así que se me metió en la cabeza que me tenía que venir para acá a tener mi hijo y darle otra vida”, dijo Castro. Y así como lo pensó, lo realizó. Se presentó en tres ocasiones a la embajada y a la tercera aprobaron su visa, 18 años después de planearlo.
Llegó directo a Queens, a la calle 90 de Jackson Hills. “Todo me sorprendía, el sector era agradable, las casas eran bonitas, las calles amplias, me encantó el lugar desde el primer día”, recuerda Castro con algo de nostalgia. En esa misma zona se encontró con un hombre que conocía desde Colombia.
Crearon una relación, se enamoraron y se fueron a vivir juntos. Unos meses después Castro queda en embarazo y al poco tiempo nace en el hospital de Jamaica Center su único hijo Carlos, que siempre ha sido la razón de su vida. “Mi esposo estuvo en la guerra de Vietnam y allá se consiguió otra mujer, por lo cual nos separamos, pero no me afectó mucho porque yo estaba concentrada en mi hijo, aunque no fue fácil la vida acá para nosotros dos”.
Ahora con la pandemia Castro segura que su mayor temor era faltarle a su hijo, ya que solo se tienen el uno al otro y ambos tuvieron el Coronavirus. “Yo lo cuidaba a Carlos y él me cuidaba a mí, fueron momentos muy angustiantes y de completo encierro, pero nos recuperamos y estoy feliz de tenerlo en mi vida. Tengo todo aquello que siempre soñé, vivir en un hogareño barrio y tener a mi hijo porque sin lugar a dudas es el amor de mi vida”.