
Por Luz Karine Vargas –
Ojos profundos, sonrisa sincera y cabello que denota sabiduría. Así es Raquel Rosell. Una mujer que estando sola en una sala de espera, sin conocer a nadie, conversa con las personas a su alrededor como si fueran amistades de toda la vida.
Rosell vestía de negro, pero tiene una luz propia. Con sus chistes, palabras gentiles, elegancia y una sonrisa permanente, acortó el tiempo de espera de todo aquel que estaba a su lado.
Esta colombiana llegó a Massachusetts en el año 1987. “Esa fue una edad de oro contaminada”, dijo Rosell. Fue la época de la epidemia del Sida y el movimiento gay. La gente no sabía como controlar la enfermedad o tratar a los infectados.
“Yo llegué con mi esposo, mi compañero de toda la vida”, dijo Rosell. Se apoyaron el uno al otro sin importar las circunstancias o los desafíos.
Antes de llegar a Estados Unidos, Rosell dijo que experimentó viviendo en otros países. “Antes de venir a este país, residí en España y luego en Inglaterra”, añadió Rosell. Aunque gracias a esa travesía fue que conoció a su esposo en Inglaterra.
“Cuando recién llegué el primer trabajo que conseguí fue en Lesley College de Massachusetts y mi esposo consiguió otro en publicidad”, dijo Rosell y le agradeció a Estados Unidos por haberles brindado buenas oportunidades y porque ambos habían estudiado.
Con el pasar del tiempo ambos se mudaron a Nueva York, donde consolidaron un hogar y 32 años después de estar en el país, el esposo de Rosell se enfermó. “Mi esposo fallece en el año 2020, un día antes de Navidad y por causas naturales”, dijo Rosell en voz baja.
“Yo ya me vacuné con moderna y me siento bien”, dijo Rosell. El último trabajo en el que laboró Rosell fue en el departamento de voluntarios. En la actualidad ya no trabaja, aunque desea volver a retomarlo.
“No tengo hijos, ni perros, ni gatos, vivo sola en Nueva York”, dijo Rusell sin remordimientos y añadió que adora este país porque le dio todo lo que siempre quiso.

