
Cuando la turba ingresó al edificio del Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero, buscaban a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez para hacerle daño. Se preguntaban ¿dónde está? El presidente de aquel entonces, Donald Trump, había motivado a estos supremacistas blancos a tomarse a la brava el Capitolio. No fue el único. También el senador Ted Cruz alentó a la violencia que dejó cinco muertos
“Ahora los mismos que incitaron a la violencia ese día quieren que olvidemos todo, que no fue nada”, dijo la congresista Ocasio-Cortez, quien se escondió ese día en el baño de su oficina para que no la atacaran. “Es la misma táctica que usan los abusadores sexuales”, añadió sosteniendo las lágrimas. “Yo soy sobreviviente de asalto sexual y he vivido con ese trauma”.
Minimizar el ataque al Capitolio o la importancia de las palabras de la congresista Ocasio-Cortez es un acto de cobardía. La historia condenará a los gestores y agresores que atentaron contra la democracia y la libertad en esta nación.