
Por la asambleísta Nily Rozic –
En el continuo debate sobre el tema del acoso sexual y la discriminación por género, nuestra sociedad todavía no ha encontrado un eje central común a todos los ámbitos. Y si bien el debate se ha dado a nivel nacional—a nivel estatal y local, más logros son necesarios que garanticen la seguridad de los sobrevivientes.

Octubre es reconocido como el mes para concientizar sobre la violencia doméstica. También es el mes en que se destaca la presencia de la mujer en la política, con la toma de poder de Kathy Hochul como primera gobernadora de Nueva York.
Y, realmente, las últimas semanas han demostrado que ya deberíamos haber actuado en este tema, hace tiempo. Cada día que pasa sin haberse establecido reglas concretas de protección a los sobrevivientes de acoso sexual y discriminación o violencia por género—deja desprotegidas a sus víctimas.
Las historias personales son múltiples y ha llegado el momento de cambiar la narrativa.
En Nueva York aprobamos legislación que protege y asegura recursos para las necesitadas, en casos de violencia doméstica, sin tener que revelar su estatus migratorio. Además, esa misma legislación permite que la policía tome posesión de las armas halladas en la escena de violencia doméstica y que la víctima acosada pueda fácilmente desligarse de contratos y compromisos que las aten a sus abusadores.
Esta dinámica injusta se halla en el sector laboral, desde modelos en la industria de la moda, hasta trabajadores de bajo pago en restaurantes y comercio minorista. La legislatura estatal debería hacer más. Legislación introducida en California anula la no divulgación de acuerdos en casos litigados de acoso sexual, algo que muestra lo fácil que es silenciar a los sobrevivientes. Así mismo en Arizona, Maryland, Vermont, Nueva Jersey y Minnesota los juristas instituyeron sus propias versiones de protecciones para empleados en el sector privado.
Evidentemente, estas medidas no son suficientes por sí mismas. Incluso, si se codificaran todas las medidas de protección, siempre quedarían huecos de fuga y habría que hacerse revisiones periódicas. Pero, ciertamente, cada ley que se apruebe nos acerca más a ofrecer protecciones a los sobrevivientes y contribuye a cerrar brechas.
Las personas que sufren acoso sexual y violencia o discriminación por su género, merecen todo el apoyo que les podemos brindar.
El primer paso es, sin duda, mostrar empatía y comunicar que les creemos a las víctimas; pero más importante aún es ofrecer legislación apropiada y acción vigorosa.