‘No quería que me mataran en Colombia’

Por Javier Castaño  — 

Wendy Suárez fue secuestrada y violada por criminales de las Convivir en Medellín, Colombia. Presentó la denuncia y el gobernó no hizo nada por ayudarla. Abandonó su país, cruzó la frontera, se entregó a la Migra, el estado de Texas la montó en un bus hacia Washington y ahora busca asilo político en la ciudad de Nueva York.
“No quería que me mataran en Colombia”, dijo Suárez, quien nació hace 29 años en Bucaramanga y se dedicaba a armar zapatos. “Como pertenezco a la comunidad LGTB, nos insultaban todo el tiempo, nos gritaban lesbianas y nos amenazaban”.

Con su compañera Karen Rueda tomaron un avión hacia Ciudad de México y luego llegaron en buses a Tijuana, frontera con Estados Unidos. Allí las autoridades de México las detuvieron, les quitaron sus propiedades y papeles y las devolvieron al estado de Tabasco.

“Con otras 8 personas nos regresamos en el tren conocido como La Bestia y luego de casi tres meses cruzamos el Río Bravo”, recuerda Suárez, quien no sabe nadar. “Nos entregamos a la Migra y nos llevaron a la hielera, una cárcel de inmigración en donde hace mucho frío, para tomarnos fotos y las huellas digitales”.

A Sánchez y su compañera Rueda las montaron en un bus que duró tres días en llegar a Washington D.C. Luego fueron desplazadas a Nueva York. Viven en un refugio de Brooklyn y están buscando asilo político. Sánchez perdió su primera cita en la corte de inmigración porque el estado de Texas la montó en el bus que la trabajo a esta ciudad.

El alcalde de Nueva York, Eric Adams, ha criticado al gobernador de Texas, Gregg Abbott, por enviar inmigrantes indocumentados “de manera inhumana” a Washington.

Monseñor Kevin Sullivan de Caridades Católicas, que ha ayudado a más de 1.500 indocumentados en las últimas cuatro semanas, dijo que el sistema de inmigración de esta nación “necesita del gobierno federal para salir de la crisis”.

El cardenal Timothy Dolan rezó por los inmigrantes y dijo que les estaban ofreciendo comida, ropa, información y asistencia legal. “La Iglesia Católica siempre ha estado con los desprotegidos y abriga a los recién llegados, quienes no son números, sino seres humanos”.

Caridades Católicas realizó una conferencia de prensa frente a su edificio de la calle 56 al este de Manhattan en donde hablaron de esta crisis de inmigración y presentaron a algunos de los latinos que están siendo enviados de Texas a Washington y Nueva York como una jugada política para atraer la atención del presidente Joe Biden.

Frente al edificio de Caridades Católicas en Manhattan, desde la izquierda, Monseñor Kevin Sullivan, la inmigrante venezolana Jennifer Barico y el cardenal de Nueva York Timothy Dolan. Foto Javier Castaño
Inmigrantes venezolanas que viven en refugios de la ciudad de Nueva York, desde la izquierda, Stephany Vizcaya, Mayerli Aguirre, Carolina González, Alejandra Machado y la colombiana Wendy Suárez. Foto Javier Castaño

Allí estaba la venezolana Jennifer Barico, quien ingresó a Colombia en busca de un mejor futuro para su familia. Con su pareja atravesó la selva del Darién y tuvo que pagarle a la policía para que los dejara avanzar por Centroamérica hasta llegar a México. También enfrentaron a los carteles de la droga. “En la frontera simplemente me entregué y no busco asilo. Esa travesía duró dos meses, viví experiencias muy difíciles a nivel físico y mental y ahora estoy recibiendo la ayuda de Caridades Católicas”.

Tanto Barico como Suárez están viviendo en un refugio para desamparados en Brooklyn.

Suárez dijo que su salida de Colombia no tuvo nada que ver con Petro, el nuevo presidente izquierdista de Colombia. Está trabajando en un restaurante colombiano de mesera, de seis de la tarde a una de la mañana. “Quiero ayudarle a mi mamá y a mis cuatro hermanos que dejé en Colombia y por eso comencé a tomar las clases de OSHA para trabajar en construcción”, dijo Sánchez, quien todavía no conoce la Estatua de la Libertad o el Parque Central.

El gobernador Abbott sigue enviando buses con inmigrantes indocumentados a Washington y Nueva York. En esta ciudad sigue aumentando el número de personas que buscan asilo político y la presencia de desamparados es cada vez más notoria.

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