
Juan Martinez, de 38 años, se ha convertido en un improbable soldado en el frente del brote de coronavirus en la ciudad de Nueva York.
Martinez es el manager de Compare Foods en Ozone Park, Queens, un supermercado relativamente pequeño comparado con sus competidores locales Key Food y Stop & Shop, situado bajo la ruidosa parada Rockaway Blvd del tren A.
Este artículo fue publicado originalmente por THE CITY el 29 de marzo de 2020. Por: Trone Dowd, THE CITY / Traducción: Carlos Rodríguez-Martorell
Mientras la mayoría de residentes de la ciudad están cumpliendo la orden estatal de quedarse en casa, Martinez es uno de los cerca de 63,000 empleados de supermercados y tiendas de comestibles en la ciudad de los cuales al menos el 70% seguía trabajando la semana pasada, según la oficina del alcalde.
Un cambio notable
Proveer comida y otros artículos esenciales durante la crisis del coronavirus le ha dado a estos empleados una perspectiva única sobre cómo los neoyorkinos están reaccionando al brote, dijo Martinez. Mientras su tienda ha experimentado un incremento de clientela durante todo el mes, él puede señalar exactamente cuándo se produjo el movimiento sísmico en la industria.
“Fue el jueves 12 de marzo”, dijo. “Ahí es que la cosa se puso seria para nosotros”.
Ese fue el día en que el alcalde Bill de Blasio declaró el estado de emergencia para toda la ciudad. Ese fue el día en que las largas colas a lo largo de los corredores de comida, dando vueltas a la sección de golosinas frente al cajero, se convirtieron en rutina.
“La gente compraba tres veces más que lo que hacía normalmente”, dijo, recordando cómo los clientes se abalanzaban a acumular carnes, verduras, alimentos no perecederos y artículos de aseo. “Desde entonces, parecía que cada vez que el [Gobernador Andrew] Cuomo hacía una declaración, podíamos estar seguros de que iba a venir otra oleada de clientes”.
De los 13 empleados de la tienda, Martinez dice que una tercera parte no fue a trabajar la semana pasada.
“La gente está asustada. Empleados que los veías aquí el día antes, saltando, activos y llenos de entusiasmo, llaman al día siguiente diciendo que no se pueden levantar”, dijo. “Sabes, te viene la sospecha de cómo va a ser posible tal cosa, pero, tú sabes, ¿qué puedes hacer, realmente?”.
Para compensar la falta de empleados, la tienda ha llamado con más regularidad a varios de sus trabajadores a tiempo parcial, uno de los cuales fue despedido recientemente de su otro trabajo debido a la orden de la ciudad de cerrar todos los negocios no esenciales.
Adaptar el negocio
Casi todos los aspectos de cómo funciona la tienda se han visto afectados. Por ejemplo, los cambios de turno ahora también son la hora de limpiar.
“Cada cajero tiene que limpiar su área de trabajo al final de su turno”, explicó Martinez. “Estamos utilizando Lysol y otros desinfectantes. Esto va más allá de intentar que todo quede limpio y presentable, como hacemos habitualmente. Estamos tratando de mantener libres de gérmenes las superficies con que toman regularmente contacto los empleados y los clientes”.
Los cajeros llevan guantes y máscaras de protección. Carritos y cestas de la compra son pasados por la manguera y limpiados con un paño. También, las interacciones entre empleados se han visto limitadas, siguiendo las recomendaciones federales sobre distancia social, dijo Martinez.
Los empleados que reabastecen los estantes tienen horarios nuevamente escalonados para que puedan regresar temprano los días menos ajetreados y conservar su energía para cuando la tienda aguarda cargamentos más grandes y sustanciales.
Los servicios de envío a domicilio de la tienda se han cancelado por completo.
“Si usted viene a la tienda y compra, definitivamente podemos ayudarle a llevar sus cosas a la casa”, dijo Martinez. “Pero tomar pedidos por teléfono y por internet, eso tuvimos que pararlo por ahora, debido a la falta de trabajadores”.

‘Ningún juego’
Casado y con dos hijos, Martinez dijo a THE CITY que está agradecido de poder seguir trabajando.
“Alguna gente ha perdido su trabajo o está atrapada en casa sin cobrar, y tienen familias que mantener y bocas que alimentar”, dijo Martinez. “Por lo menos nosotros podemos pagar nuestras cuentas y mantener nuestros puestos de trabajo mientras la ciudad busca cómo salir de todo esto”.
Dice que su familia, su esposa en particular, está muy atenta a lo que trae a casa después de un largo día de trabajo.
“Tan pronto como llego a casa, me tengo que quitar mis zapatos de trabajo y cambiarme de ropa. Ella lo echa todo a la lavadora y yo tengo que meterme directamente en la ducha antes de ver a los niños”, dijo entre risas. “Para ella, esto no es ningún juego”.