
El portal El Molino Online entrevistó a Michelle Frankfurter, cuyo libro “Destino” fue reseñado por NPR. Para hacer el libro viajó tres veces de Chiapas a Río Grande, acompañando a los inmigrantes centroamericanos en su recorrido por México.
Su historia nos conmovió: cómo con unos escasos pesos en el bolsillo logró sufragar el viaje y siendo una “pinche gringa”. Sus fotografías en blanco y negro reflejan uno de los grandes dramas humanos de esta época: el de un pueblo sin voz, manipulado por los intereses económicos y políticos de la metrópolis.
Contactamos por correo electrónico a Frankfurter, quien nos ha permitido reproducir sus imágenes y ha respondido en perfecto español unas cuantas preguntas para El Molino Online. Carlos F. Torres, fundador de El Molino Online, nos permitió reproducir este documento.
Dice Frankfurter que una vez se recupere de un accidente de motocicleta, planea realizar su cuarto viaje.
Michelle Frankfurter: Tengo la esperanza que este proyecto sea publicado en forma de un libro de fotografías, acompañado con texto que cuenta las historias de los migrantes que he encontrado en el camino. La meta es tratar de concientizar, mas que todo al pueblo estadounidense para que sepan los motivos que tienen los migrantes y las condiciones que se enfrentan en sus países de origen. Tenemos una relación simbiótica con estos países y las mismas consecuencias de un mercado libre que nos afectan aquí en los Estados Unidos también impactan la vida de la gente en estos países centroamericanos. Quiero dar conocimiento que este fenómeno no sucede en un vacío. Es algo mucho mas complicado que simplemente reclamar que esa gente “viene a quitarnos el trabajo”, tal como les gusta siempre decir todos los políticos para distraer a la gente y echar la culpa a los mas vulnerables.
El Molino: ¿Por qué te interesó el tema de la migración de los indocumentados?
Michelle Frankfurter: En las historias de los migrantes, yo reconocí algo de los cuentos de aventura que siempre me gustaba cuando era niña. Para mi, ellos representan los protagonistas antihéroes. Ademas, me sentía totalmente desequilibrada por la crisis económica que me impactó negativamente en el año 2009. Lo que me animó y me inspiró fue el hecho que veía que estos migrantes no se quedaban llorando ni lamentando su situación. Sino, tomaron la decisión de luchar y seguir adelante.
El Molino: ¿De dónde a dónde viaja la Bestia?
Michelle Frankfurter: Hay varias rutas de los trenes de carga que entrecruzan a México. La que yo mas conozco origina en una ciudad pequeña que se llama Arriaga, en el estado de Chiapas. Desde allí, pasa por Ixtepec, Oaxaca, Medias Aguas, VC, Tierra Blanca, Orizaba, Distrito Federal, Huehuetoca y San Luis Potosí. Después, agarra varios rumbos para la frontera. Yo solamente he hecho la parte entre Arriaga y Ixtepec. Es un viaje de 13 horas. Pero lo he hecho bajo distintas condiciones y tiempos del año, tal que cada vez, la experiencia ha sido algo diferente. Por razones del seguridad personal y otros factores logísticos que mas que todo tenían que ver con la falta de finanzas, yo seguí la ruta migratoria en bus desde Ixtepec Oaxaca.
El Molino: ¿Cómo te montaste?
Michelle Frankfurter: En Arriaga, el tren se estaciona en la vía del tren, en la mera ciudad. Pasa mucho tiempo parado, entonces es muy fácil subirlo y acomodarse bien.

El Molino: ¿Que pasaba en las paradas? ¿Qué hace la compañía de trenes con tantos pasajeros? Háblanos de las condiciones mismas del viaje, el aspecto logístico.
Eso me ayuda mucho a demostrar a la gente mis motivos.
Paso días en el albergue. Duermo en el dormitorio de las mujeres. En unos pocos días, nos conocemos – yo a ellos pero ellos a mi también. Así se forman los grupitos. Muchas veces me siento que con ellos tengo mas confianza que con muchas de las amistades superficiales que tengo aquí, con gente que ya he conocido por veinte años.
Vivi casi tres años en Nicaragua, desde 1988 hasta 1991.
Luego, llegué a vivir en Washington, DC y en las afueras donde se abundan inmigrantes centroamericanos. Ya he pasado la mitad de me vida rodeada por gente centroamericana. De una manera, aunque siempre seré una (pinche gringa) norteamericana, por lo menos, entiendo algo de su cultura, experiencia, y historia. Por eso, creo que les caigo bien. Saben que les admiro. Ademas, les hago reír.