El TLC se atranca

La Casa Blanca durante un reciente atardecer. Foto Javier Castaño

Los Estados Unidos está tratando de firmar nuevos Tratados de Libre Comercio con Colombia, Panamá y Corea, pero los asesinatos de sindicalistas y el abuso de poder se están interponiendo. El Congreso volverá a discutir el TLC después del receso del mes de agosto. Por ahora, los mismos legisladores que están debatiendo la deuda externa de esta nación, son los que discutirán los tratados de libre comercio. Habrá que esperar.

 

El presidente Obama, al igual que el ex presidente Bush, insiste en que los Tratados de Libre Comercio (TLC) generan más empleos en EE.UU. Nadie les cree. Obama quiere que el Congreso apruebe la Asistencia de Ajustes de Tratados (TAA), para compensar con dinero a quienes pierdan sus trabajos por los TLC o las importaciones. Es decir, reconoce que se pierden trabajos. El Congreso estadounidense quiere olvidar la lección del TLC de Norteamérica-NAFTA de 1994, que significó la pérdida de al menos 2 millones de trabajos en EE.UU. También quebró la economía rural y urbana en México, lanzando a 7 millones de trabajadores a buscar trabajo en esta nación. Los indocumentados ascienden a 12 millones y ahora los están criminalizando y deportando.

El Instituto de Política Económica de Washington ha señalado que el TLC con Colombia traerá la pérdida de 50.000 empleos y el TLC con Corea se tragará 159.000 trabajos. Por eso los TLC con Colombia, Panamá y Corea son un desastre y por eso los sindicatos como la AFL-CIO, el SEIU, los Teamsters y LCLAA se oponen firmemente. ¿A quién engañan los congresistas pro-TLC como Joseph Crowley o Gregory Meeks? Por eso la campana de Public Citizen, mingas y sindicalistas en contra de los TLC. El gobierno de Panamá ya aprobó el TLC, al igual que el de Colombia, pero el de Corea no ha dado su visto bueno.

SU OPINON CUENTA. ¡PARTICIPE!

Llame a estos políticos y exprese su punto de vista sobre el TLC:

Congresista Joseph Crowley (718) 779-1400

Senador Charles Schumer (212) 486-4430

Senadora Kristen Gillibrand (212) 688-6262

Para la agricultura colombiana significara la perdida definitiva de la auto-suficiencia alimentaria. Los colombianos tendrán que comer maíz, arroz y papas gringas como si las tierras fértiles hubiesen dejad de producir, en lugar de convertirse en la despensa de Latinoamérica. Hoy Colombia importa 10 millones de toneladas de alimentos sin TLC, el 45% de lo que consume. En 1990 las importaciones de maíz eran de 17.000 toneladas, en el 2006 eran de 1.800.000. En el primer año del TLC las importaciones de maíz deberán crecer en 94,000 toneladas, y un 5% anual, pero el Tratado es retroactivo y comienza a contar desde el 2007. Si se aprueba este verano, se implementará desde el 2012. Por eso debemos apoyar a los productores agrarios que están organizados en la Asociación Nacional para la Salvación Agropecuaria y del movimiento campesino. Con el TLC, la alimentación de los colombianos dependerá de la producción estadounidense. Un país debe importar lo que no produce o no puede producir. Colombia puede producir esos alimentos.

El asesinato de sindicalistas (52 en el año 2010, 21 desde que asumió el presidente Juan Manuel Santos y otros 6 acribillados desde que comenzaron las conversaciones con Obama en abril de este año) ha sido un argumento de la AFL-CIO y de los representante demócratas como George Miller de California, Nydia Velázquez, José Serrano y Jerrold Nadler de Nueva York para oponerse al TLC. Acabarán los sindicatos, fomentarán leyes laborales retrogradas, no habrá beneficios laborales, y aumentará el número de obreros sin contratos y explotados por cooperativas. Un clima laboral para atraer inversionistas extranjeros a Colombia que tampoco pagarían el equivalente del salario mínimo de $7.15 por hora. El seguro social y los días festivos serán cosa del pasado. En Colombia el día laboral empieza a las 8 A.M. y termina a las 10 P.M., los dominicales y festivos se pagan como día regular y es casi imposible pensionarse.

Ese clima de abuso les encanta a las corporaciones multinacionales que defienden al congresista demócrata Charles Rangel, promotor del TLC, pero quien fue sancionado en Washington por abuso de poder y es un moribundo político. Al congresista Crowley le encantan las aguas tibias. Dice en público que no sabe si apoyará al TLC, aunque en círculos políticos promueve la firma del acuerdo comercial con Colombia.

El clima político es propicio para descarrilar el TLC.

 

Carlos Fernando Salamanca

Activista sindical y comunitario

(Nota: este artículo fue publicado primero en la edición impresa de QueensLatino.com)

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