La mentira del poder político de los latinos

Queens es un microcosmos de la situación tan dispareja en que viven los hispanos en los Estados Unidos en términos de poder político y económico.

Más de 600.000 hispanos en Queens, Nueva York, o cerca del 30% de la población de este condado neoyorquino, están representados por solamente un político hispano electo a nivel estatal -Senador José Peralta- y ninguno a nivel nacional. Es más, Peralta es uno de 13 senadores estatales que representan al condado de Queens en Albany. La disparidad es abismal. Mejor dicho, los hispanos tienen el 30% de la población de Queens pero menos del 1% de la representación en Albany.

A nivel nacional las cifras son aún más desequilibradas. De acuerdo al censo del 2010, la población hispana de los Estados Unidos sobrepasó la marca de los 50 millones de habitantes y sigue creciendo a pasos agigantados. Desafortunadamente, a nivel político y económico este inmenso grupo no tiene ningún poder.

Quien tiene fuerza política, tiene también el poder económico. Lo uno va con lo otro y los latinos no tienen ninguno de los dos. El centro de la fuerza política y el poder económico se encuentra en Washington y allí la disparidad política y económica del 16% de la población de la nación –los hispanos- con respecto a otros grupos, es inmensa. En Washington hay solamente 28 hispanos en las dos cámatas, 26 congresistas y 2 senadores, o sea menos del 4% de los 535 miembros del Congreso (435 congresistas y 100 senadores) son latinos.

Por el otro lado, la población judía de los Estados Unidos es de un poco más de 5 millones, o sea menos del 2.5% de la población. Sin embargo, su presencia en las salas del poder en Washington es impresionante. Con 13 senadores, que controlan más del 10% del Senado y con 27 congresistas, el 7% de la Cámara de Representantes.

Y cuál es la razón de tan disparatado desequilibrio en el poder político y la fuerza económica de los hispanos en los Estados Unidos?

Son varias las razones y la más importante es la falta de participación en el proceso político por parte de los hispanos en todos los niveles, desde los colegios en donde los indocumentados –al menos en Nueva York, Nueva Jersey y varios otros estados- pueden votar y ser elegidos a posiciones dentro de las escuelas, hasta en las elecciones a nivel local, estatal o nacional.

Los judíos por su parte, no solamente postulan candidatos cada vez que tienen la oportunidad y le brindan su apoyo casi incondicionalmente. La apatía electoral es algo que no está en el léxico judío pero sí en el hispano. Con cerca de 20 millones de votantes hispanos inscritos, la comunidad latina tiene en las urnas el poder de elegir a cualquier candidato que necesite su apoyo, pero no lo consigue porque menos del 30% de los hispanos ejercen su derecho al voto.

Lo que nos lleva a ver cómo los simpatizantes de la corriente ultraconservadora del Partido Republicano han arrollado a los hispanos y han conseguido promulgar leyes estatales draconianas contra los inmigrantes indocumentados. De nada han servido las altas cifras de hispanos “legales” en Arizona, Georgia, Utah, Alabama, Carolina del Sur, Misisipi y otros estados, que con su apatía han dejado pasar dichas leyes.

Esas leyes no hubiesen sido ni siquiera consideradas si los políticos de turno tomaran a los hispanos en serio. Todo lo contrario. Ellos saben que los hispanos hacen un poco de ruido a través de los incipientes medios de comunicación latinos y hasta ahí llega su participación.

Durante las elecciones presidenciales del 2008, los latinos, por primera vez en la historia, fueron a las urnas en forma masiva. Su participación fue vital en el triunfo de Barack Obama. Más del 60% de los hispanos inscritos para votar acudieron a las urnas.

Desafortunadamente, durante los últimos tres años, la apatía en el proceso electoral por parte de los hispanos ha vuelto. El surgimiento del Tea Party con su plataforma política de ultraderecha, la promulgación de leyes antiinmigrantes en muchos estados y la pérdida de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes en las elecciones del 2010, tienen mucho que ver con la apatía electoral de los hispanos.

Occupy Wall Street es el movimiento perfecto para que los hispanos expresen sus quejas ante una audiencia nacional e internacional, pero no lo han hecho. Los latinos han podido sacar a luz sus inequidades en cuestiones de empleo, inmigración, educación, seguros médicos, negocios, salud y mucho más por medio de esta plataforma, pero lo único que han conseguido es brillar por su ausencia.

Si los hispanos no toman conciencia de lo que está sucediendo a su alrededor y para el 2012 siguen con su desidia en el proceso político y económico, su situación se va a empeorar exponencialmente. Lo malo del 2011 va a ser peor en el 2012 si el Partido Republicano logra triunfar en las elecciones del año entrante.

Todos los candidatos republicanos a la presidencia de los Estados Unidos son ultraconservadores y de hecho anti latinos. Desde Michele Bachmann hasta Newt Gingrich, Jon Huntsman, Ron Paul, Rick Perry, Mitt Romney y Rick Santorum, sus ideologías son de ultraderecha y no están interesados en el bienestar del público en general o de los latinos en particular.

Derrotar al Presidente Obama y desmantelar todas las obras sociales logradas en su administraciónn a favor del público en las áreas de la salud, finanzas, reformas bancarias, creación de trabajos, inmigración y todo aquello que pueda favorecer al “99 %” de la población, es lo que quiere el Partido Republicano en el 2012.

Si el hispano no quiere que esto suceda, tiene que despertar e involucrarse en el proceso político. Queens, con más de 600.000 hispanos es el sitio perfecto para comenzar. Y, en el 2012, los latinos, si usan su fuerza electoral, pueden incrementar dramáticamente el número de senadores latinos en Albany.

Este sería el gran comienzo de una nueva era de poder político y fuerza económica hispana en los Estados Unidos.

Por Carlos Vélez
Veljia47@yahoo.com

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