Gabriel Corteggiano
Bonsai es una palabra de origen japonés que significa árbol diminuto. Lo primero que pensamos es en un bosque y nos imaginamos un rayo de luz que produce una inmensa sombra de ese frágil arbolito. Con esta metáfora queremos decir que Lionel Messi es muy parecido a un bonsai que vive en un bosque lleno de depredadores. La sombra gigante que proyecta su diminuta figura, ensombrece las mentes de admiradores y detractores por igual. Hay que saber cuidar del bonsai si queremos apreciar su maravilloso esplendor.
Últimamente Messi se ha convertido en una maquina de hacer dinero que su padre esconde en paraísos fiscales, comprometiendo la figura sincera y honesta que el jugador refleja como ídolo de muchos jóvenes que quieren ser como él. En el último mes bajó su rendimiento y el Barsa fue eliminado de la Champions. Ya lo dijo Maradona: “la pelota no se mancha”.

Un bonsai saludable requiere de aire, luz y agua en medidas adecuadas. No es complejo, solo hay que saber. El departamento de fútbol del club catalán compra jugadores para oxigenarlos y hacerlos crecer. En la selección argentina sucede lo opuesto. Los “amigos de Lio” no lo entienden, no saben como cuidarlo, protegerlo y oxigenarlo. Entonces tenemos un bonsai frustrado, frágil y delicado que no puede vivir en el bosque que lo vio nacer.
Escucho a diario decir a los admiradores de Messi, que Argentina debería de jugar como Barcelona. Partamos de la base que el DT argentino es Martino, responsable de la peor campaña barcelonesa en la era Messi. El mismo que convoca a Chiquito Romero para defender el arco argentino porque “juega bien con los pies”. El mundo del revés. No admite públicamente que Messi padre le arma el equipo (existen fundamentadas sospechas sobre esto). La cámara hiperbática de nada sirve si regamos al bonsai con clorox.
Quisiera preguntarle a Simeone si tuviera que jugar al lado de Messi, ¿cómo lo haría, qué le diría al resto del equipo? Quisiera ver a Redondo jugando con Messi. Así como hay equipos que ganan partidos y otros que ganan torneos, el bonsai vive o muere por el medio ambiente que lo rodea.
Una vez más Messi llega a un torneo con “su selección” como candidata a levantar la copa, disminuido por una lesión lumbar, enfrentando un juicio por evasión fiscal y trae a sus amigos de siempre. Y los depredadores que en silencio y al acecho se lo quieren comer vivo.
Cuidado con Paraguay, Uruguay, los caribeños que juegan sin presión y entregan todo, y ojo con Estados Unidos y México. Brasil piensa en el oro olímpico y Colombia es una incógnita con nuevos convocados. Chile sigue en transición.
Para tener un bonsai saludable no es necesario ser japonés, con ocupar un lugar en la dirigencia del club catalán alcanza y sobra.