Muere Eduardo Galeano de Las venas abiertas de América Latina

El Café Brasilero, el más antiguo de Montevideo, tiene hoy una silla vacía y triste. El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, que había hecho de este lugar su segunda casa, murió este lunes a los 74 años en un hospital de la capital uruguaya después de una larga lucha contra el cáncer. (Lea también: ¿Por qué era tan importante Galeano?)

El autor, que desde la publicación de Las venas abiertas de América Latina, en 1971, se convirtió en un clásico de la literatura política del continente, siempre en defensa de los oprimidos y marginados, estaba también ligado a la historia del legendario café, abierto en 1877. (Fotos: la vida del fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano)

No en vano, un café compuesto por crema, dulce de leche y licor lleva su nombre y sigue siendo uno de los clásicos de la carta en el Brasilero.

“Ha sido una de las conciencias más lúcidas del destino continental”, dijo el escritor William Ospina, para quien sus reflexiones “arrojaron una mirada sobre la historia del continente, sobre los dolores del continente y sobre la esperanza del continente”.

Con un estilo de difícil clasificación, entre la crónica periodística y la erudición histórica, el autor trazó artesanalmente el perfil de toda América, con sus alegrías y tragedias durante más de cinco siglos.

“Galeano recogió los episodios, sentimientos e ideas de nuestra historia que más lo impactaron y nos las devolvió de modo que no se nos olvidara”, dijo la escritora mexicana Elena Poniatowska. (La biblia del deporte más lindo del mundo / blog)

Los tres tomos de Memoria del fuego, un recorrido por la historia latinoamericana a través de grandes y pequeñas anécdotas, son la obra magna de un autor que prefería mirar por el ojo de la cerradura para desentrañar los misterios históricos.

Muy joven, cuando Uruguay era conocido como la ‘Suiza de América’ (un presidente de ese país, Luis Batlle, bromeaba diciendo que Suiza era el Uruguay de Europa), Eduardo Hughes Galeano comenzó su carrera como caricaturista (firmaba ‘Gius’) y periodista en la mítica revista Marcha, de Carlos Quijano.

Referente del periodismo progresista latinoamericano durante años, Marcha fue una de las víctimas de la dictadura que se instaló en ese país, en 1973. Perseguido y luego de un tiempo encarcelado, Galeano se exilió en Buenos Aires, donde fundó y dirigió la revista Crisis. Pero de allí también tuvo que marcharse, cuando los militares se hicieron con el poder en 1976.

“Me fui de Uruguay porque no me gusta estar preso y de Argentina porque no me gusta estar muerto”, contaba en tertulias.

Radicado en Barcelona (España), con su esposa, Helena Villagra, Galeano continuó su obra con un acento latinoamericano que no empañó la distancia.

‘Fútbol a sol y sombra’

Capítulo aparte merece la pasión del autor uruguayo por el fútbol, del que dijo: “Es algo tan importante que no se puede charlar solo unos minutos sobre él, sino que hay que dedicarle horas y horas”. La frase no era casual, era la respuesta a la petición de unas rápidas declaraciones en los momentos previos a una lectura pública de su obra Bocas del tiempo.

“Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos” son las palabras de inicio de su libro ‘El fútbol a sol y sombra’, también un clásico de la literatura deportiva.

Por las páginas de ese tratado literario del balompié, pasaron personajes de la talla de los brasileños Pelé o Garrincha y el argentino Alfredo Di Stéfano. Y a un nacimiento bien especial, el de Diego Armando Maradona, dedicó su relato ‘El parto’, incluido en Bocas del tiempo (2004).

Acérrimo seguidor de Nacional, uno de los dos clubes más importantes del fútbol uruguayo, su pasión futbolística era compartida por su esposa, como confesó en 2009, con motivo de la entrega de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, cuando contó que las puertas de su casa se cerraban con el cartel ‘Cerrado por fútbol’ cada vez que había algún torneo importante (Mundial, Copa América) y cada uno se ponía a “hinchar” por su selección: Uruguay y Argentina, respectivamente.

“Los deportistas actúan por el placer de jugar, lo que es importante. Ruego a Dios para que los jugadores no pierdan ese placer, pues, en los últimos años, ellos vienen siendo condicionados apenas para ganar, lo que resulta en más dinero. No apruebo esa identificación del balón como fuente de lucro”, apuntaba.

Su relato ‘El estadio’, integrado en El fútbol a sol y sombra, comienza así: “¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. (…) El estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo”.

Un autor prolífico

Aunque sus ancestros fueron europeos, Galeano tuvo una fuerte inclinación por el mundo indígena de cuya causa fue militante.

‘Las venas abiertas de América Latina’ era descrita por él como “una contra-historia económica y política con fines de divulgación de datos desconocidos”, y con esta obra obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y, dos décadas más tarde (1999), el Premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan de EE. UU., dedicada a promocionar la literatura contemporánea y las artes visuales.

El libro está ligado a una reciente anécdota: en 2009, el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar a su homólogo estadounidense, Barack Obama, en la cumbre de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).

Galeano también publicó ‘Vagamundo’ (1973); ‘La canción de nosotros’ (1975); ‘Días y noches de amor y guerra’ (1976) y ‘Los nacimientos’ (1982), primer volumen de su trilogía ‘Memorias del fuego’, formada por ‘Las caras y las máscaras’ (1984) y ‘El siglo del viento’ (1986).

Después llegaron su ensayo ‘El libro de los abrazos’ (1989), la novela ilustrada por el grabador brasileño José Francisco Borges ‘Las palabras andantes’ (1993); ‘El fútbol a sol y sombra’ (1995), ‘Patas arriba’ (1998), ‘Bocas del tiempo’ (2004) y sus relatos ‘Espejo’s. Una historia casi universal (2008), publicados al año siguiente de que el escritor superó una operación de cáncer de pulmón.

Esta cirugía fue realizada en Barcelona, y en esa ciudad se sometía a periódicos chequeos. En su última visita, realizó una maratónica gira por la geografía española para presentar Los hijos de los días.

En una célebre entrevista con Televisión Española, en 2006, aseguró: “Yo soy hijo de los cafés de Montevideo. Cafés como este (el Brasilero), el más antiguo de todos. Cafés de los tiempos en los que había tiempo para perder el tiempo. En los cafés aprendí todo lo que sé. Fueron mi única universidad. Aprendí lo más importante”.

Por ello, solía ocupar la misma mesa del Brasilero, a la izquierda de la puerta, junto a un gran ventanal. “Acá paro yo, un café que tiene atmósfera”, decía.

El escritor será velado hoy en el Salón de los Pasos Perdidos del Parlamento uruguayo.

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