
A la par que en Ciudad de México el Palacio de Bellas Artes se engalanaba para rendirle este lunes su homenaje de despedida a Gabriel García Márquez (1927-2014), el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, invitaba a diferentes escritores y periodistas colombianos, colegas de Gabo, a acompañarlo en este primer gran tributo oficial a la memoria del autor de Cien años de soledad.
Santos viaja este lunes en la mañana a Ciudad de México, en compañía de la primera dama, María Clemencia Rodríguez. De los expresidentes, solo asistirá César Gaviria Trujillo. “Los demás no podrán ir, básicamente, por temas de agenda”, explicó la ministra de Cultura, Mariana Garcés. Y añadió que Belisario Betancur, que gobernaba cuando Gabo recibió el Premio Nobel, en 1982, se está recuperando de un cuadro gripal que le impide desplazarse al país que acogió al escritor colombiano.
La comitiva colombiana también estará integrada por el escritor William Ospina y reconocidos periodistas, como Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, y María Elvira Samper. Además, van los ministros de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, y de Trabajo, Rafael Pardo. (Vea el especial: ‘Macondo está de luto)
Santos arriba a la capital mexicana hacia el mediodía y la guardia de honor que hará junto con su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, está programada para las 7 de la noche (hora de México; 8 en Colombia), dijo la Ministra. De acuerdo con información oficial, los dos mandatarios harán una breve intervención, de unos 10 minutos cada uno, en honor del autor fallecido el Jueves Santo.
La despedida, que no tendrá carácter religioso, se realizará en el emblemático escenario donde los mexicanos les dan el adiós a sus grandes personalidades del campo de las artes –y también a extranjeros que eligieron a ese país como su casa–. Desde este domingo, el lugar se preparaba con pendones con la imagen en blanco y negro de Gabriel García Márquez, marcados con los años de su nacimiento y muerte (1927-2014). Mientras que los admiradores del nobel empezaban a tomar fotografías para evocar su despedida.
El vestíbulo de este recinto de arquitectura francesa, contiguo a la Alameda Central, acogerá las cenizas del escritor. Se prevé que el cortejo parta de la casa del Nobel en el barrio Pedregal del San Angel, a eso de las 3 p.m., con rumbo al centro de la capital mexicana.
“A partir de las cuatro de la tarde estarán las cenizas del maestro García Márquez para que el público pueda circular por ahí para despedir a este gran autor, que es tan nuestro, y es el gran escritor universal”, informó la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda. Se espera que la gente tenga acceso a los restos a lo largo de unas tres horas, aunque García Cepeda añadió que la familia está dispuesta a que este tiempo se extienda hasta que la última persona pueda expresarle sus respetos.
Los restos del Nobel estarán flanqueados por banderas de Colombia y México. El acto estará abierto al público, incluirá acordes de la pieza Intermezzo interrotto, del compositor húngaro Bela Bartok, así como los vallenatos que más le gustaban a García Márquez. También se anunció una despedida llena de flores amarillas.
En ese mismo lugar, donde este lunes México despide a un colombiano que adoptó como suyo, fue homenajeado el escritor Carlos Fuentes –amigo personal de Gabo–, el 16 de mayo del 2012, en un acto encabezado por el entonces presidente, Felipe Calderón.También allí se despidió al nobel de literatura Octavio Paz, cuando murió en 1998, y recientemente, en el mismo lugar, fue recordado de nuevo al cumplirse el centenario de su nacimiento.
Al actor Mario Moreno ‘Cantinflas’ lo lloraron los mexicanos en el Palacio de Bellas Artes cuando falleció en 1993. Lo mismo ocurrió con la cantante Chavela Vargas, costarricense de origen y quien vivió ocho décadas en México, hasta su muerte, en el 2012.
“Pero es que García Márquez era muy mexicano”, afirmó Plácido Pérez, del Instituto Nacional de Bellas Artes, acerca del lugar de honor elegido para la despedida.
La ceremonia de homenaje a Gabo será transmitida en Colombia por el Canal Institucional.
Sobre el destino final de las cenizas de García Márquez aún no hay nada confirmado. El viernes, el embajador de Colombia en México, José Gabriel Ortiz, sugirió que estas se dividan entre los dos países, pero después de una conversación con la viuda de Gabo, Mercedes Barcha, declaró que será la familia la que finalmente decidirá cómo y dónde terminarán los restos.
“El luto es de ellos, el pesar es de ellos y ellos son quienes en su fuero interno, su señora y sus hijos, tomarán esa decisión”, dijo Ortiz a los medios. “Si la familia así lo considerara, nos encantaría a los colombianos, sin excepción, hacerle un homenaje al maestro García Márquez en alguna parte de Colombia, en Bogotá, en Cartagena o en Aracataca”, reconoció el diplomático, quien recalcó que la decisión final será comunicada por la propia familia.
Por su parte, en Aracataca, su tierra natal, los cataqueros realizarán un sepelio simbólico paralelo, que partirá de la casa donde nació, el 6 de marzo de 1927.

La familia del célebre escritor Gabriel García Márquez anunció que no se realizará un funeral público, pero sí un homenaje póstumo por todo lo alto para dar el último adiós a Gabo. En conferencia de prensa se informó que el homenaje nacional se realizará el próximo lunes en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.y que los restos del ganador del premio Nobel serán incinerados en una ceremonia privada.
El comunicado leído por Jaime Abello, director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, y María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artesen se realizó en el portón de la casa del escritor y no se contestaron preguntas de los reporteros.
García Cepeda solicitó a los representantes de los medios de comunicación que se retiraran y que se respete el deseo de la familia de mantener la intimidad de este momento. “Vamos todos a descansar y a reposar”, dijeron
El cuerpo de García Márquez fue trasladado a una funeraria cercana y horas después la carroza fúnebre regresó a la residencia. En la funeraria sólo quedaron arreglos florales.
Gabo murió ocho días después de haber salido del hospital, falleció en su casa de la ciudad de México rodeado de su familia.
Murió así el gran Gabo, decía él que la vida no es lo que uno vivió, sino lo que recuerda y cómo la recuerda para contarla. Se fue, pero se quedan sus “Cien años de soledad”. Voa
Su muerte
El escritor colombiano Gabriel García Márquez murió el jueves 17 de abril luego de una enfermedad en la sangre y de haber perdido parte de su memoria. Tenía 87 años y vivían en México. ‘Gabo’, como le decían sus amigos, ganó el premio Nobel de Literatura en 1982 y es el autor de su gran novela Cien años de soledad. El 31 de marzo fue hospitalizado de pulmonía en la Ciudad de México. Sufría de cáncer linfático y le había afectado los pulmones, el hígado y los ganglios.
Gabo murió en su hogar de Ciudad de México. En 1958 se había casado con Mercedes Barcha y tuvieron dos hijos, Rodrigo y Gonzalo.
Recientemente cumplió años y salió de su hogar a saludar a los periodistas mexicanos que habían llegado a su puerta a saludarlo y llevando flores blancas. García Márquez nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, en la costa caribeña colombiana. Tenía 7 hermanos y 4 hermanas. Algunas de sus obras fueron llevadas al cine como El amor en los tiempos del del cólera y Crónicas de una muerte anunciada, además de Memorias de mis putas tristes.
Como periodista se inició en 1948 en El Universal de Cartagena y luego en El Heraldo de Barranquilla. En 1954 y 1955 escribió para El Espectador de Bogotá, Colombia. En 1957 se desplazo a Caracas, Venezuela, a escribir para el periódico El Momento.
Debido a su fascinación por el escritor estadounidense William Faulkner, viajó en 1961 por el sur de los Estados Unidos, en buses Greyhound, hasta llegar a México, en donde decidió radicarse.
Estos escritores estadounidenses escribieron lo siguiente sobre García Márquez en la revista Diners de Colombia cuando el Nobel cumplió 80 años:
Por Paul Auster:
Era la primavera de 1970. Yo tenía veintitrés años, escribiendo y traduciendo poemas, escribiendo ensayos y reseñas, y también soñando que algún día sería capaz de escribir novelas. Para ese entonces, ya había leído a casi todos los maestros del siglo veinte –Joyce y Proust, Kafka y Beckett, Faulkner y Nabokov, Fitzgerald y Céline- y me estaba sintiendo un poco presionado. ¿Cómo es posible que una persona se pueda escapar de la sombra de esos gigantes?
Un día cualquiera leí una reseña muy entusiasta de una novela de un escritor de América del Sur cuyo nombre me era desconocido. En ese momento, hace treinta y siete años, comprar libros de pasta dura era una extravagancia que difícilmente podía pretender, pero mi curiosidad fue despertada de una manera tan fuerte que me lancé a la calle a comprar el libro. Yo comencé a leer Cien años de soledad en las primeras horas de la tarde y no pude dejarlo hasta que lo terminé de leer ese mismo día en la noche. Tenía en mi poder algo nuevo y fresco y al mismo tiempo hipnotizador: una creación poética, una voz, una sensibilidad que no se parecía a nada de lo que había descubierto hasta ese entonces. Y esa novela de Gabriel García Márquez, traducida de manera magistral por Gregory Rabassa, contenía todas las virtudes de la escuela tradicional, las cuales pueden resumirse en una sola frase: el amor por el cuento.
Este amor es el que genera placer en el lector, el sentido de asombro y alegría que nos cobija cada vez que tropezamos con uno de estos libros raros que cambian la manera como observamos el mundo, que nos exponen a las infinitas posibilidades de lo que un libro puede llegar a ser.
Todo lector apasionado ha tenido esa experiencia, y cada vez que sucede, entendemos que los libros son un mundo aparte y que ese mundo es mejor y más rico que cualquier otro que hayamos visitado con anterioridad. Esta es la primera razón por la cual nos convertimos en lectores. Por eso es que nos apartamos de las vanidades del mundo material y empezamos a amar los libros por encima de todas las cosas.
Mis dos encuentros con García Márquez

Por Gay Talese:
Toda mi vida (y solamente soy cinco años menor que Gabriel García Márquez) él ha representando para mí y para millones de estadounidenses y de lectores alrededor del mundo, los niveles más altos en literatura, deslumbrándonos con su inventiva y sabiduría universal. García Márquez es de esos raros ganadores del Premio Nobel cuya elección fue recibida en todas partes con aclamación, sin dejar así duda alguna que posee la grandeza para haber merecido la distinción más apetecida.
He tenido el honor de que nuestros caminos se han cruzado de manera inesperada en mis viajes alrededor del mundo. La primera vez que nos cruzamos fue durante mi visita a La Habana en enero de 1981, y luego lo vi en Roma mientras caminaba por la piazza. Conversamos por breves momentos. Y aprovechando la oportunidad le pregunté que si podía firmar su nombre en una libreta que llevaba en ese momento. Luego, de regreso a Nueva York, en donde vivo, pegué su dedicatoria en mi edición de “Cien años de soledad”. Yo considero este documento como una de mis posesiones que más aprecio.

Norman Mailer:
Hosannas para García Márquez quien es un gran escritor
Un libro ineludible
John Updike:
Querido señor Castaño:
Recibí su carta de enero 5 un día de estos y me apresuré a enviarle este pequeño y posiblemente inadecuado tributo a García Márquez. Si usted considera que vale la pena traducirlo, por favor hágalo con mis bendiciones y mejores deseos,
A Gabriel García Márquez le pertenece el orgullo y el placer de la creación. Antes de que cumpliera cuarenta años escribió un libro que fue recibido de manera rápida y amplia como una obra maestra, un trabajo muy original que cuando fue impreso de alguna forma se volvió ineludible. Solamente en retrospectiva es que sus primeros trabajos –viajes cortos de su arriesgada imaginación morbosa e imaginativa- pueden ser reconocidos como gérmenes de lo grandioso, anticipaciones de Cien Años de Soledad.
La población de Macondo, oscura, estancada, y aún llena de vida intensa, juega su papel de metáfora para toda América Latina, con su realismo mágico como el método perfecto. Con exhuberancia y de manera directa, intrincada y casual, la prosa se desata como si un mago usara su hechizo para abrir la recamara de la experiencia humana. Una frescura primaveral formó parte del milagro de haber descubierto un Nuevo Mundo ya decadente y saqueado aunque aún reciente. Descubrimos en el primer párrafo que “muchas cosas no tenían nombre y con el fin de nombrarlas era necesario señalarlas”.
Obtener el éxito extremo muy temprano en la vida puede llegar a ser una carga, pero García Márquez después de Cien año de soldad continuó innovando con su ficción y ninguno de sus libros se asemejan: Sus intrincados e inmensos párrafos en El Otoño del Patriarca, un retrato amargo y compasivo de un tirano en Latinoamérica; la rápida y deprimente novela Crónica de una muerte anunciada; el romance tierno y prolongado de El amor en los tiempos del cólera; la misteriosa y angustiada historia de ficción de El amor y otros demonios; el periodismo mágico, como llegó a serlo, de La historia de un náufrago; diversos volúmenes de su autobiografía poetizada; y las recientes Memorias de mis putas tristes, con menos de cien páginas pero repletas de un sentimiento lúgubre. Todas estas invenciones y mutaciones de método son características de una prosa que, habiendo sido traducidas a un inglés hábil, tienen la fuerza, la dignidad y la economía Flaubertiana –el ímpetu de le mot juste, que llega sin apuro y ostentación.
Dos cualidades contradictorias distinguen la imagen que García Márquez proyecta sobre el mundo de la escena literaria: una gran movilidad afectuosa y solemnidad en el propósito que no recuerda a Camus y Hemingway, y ese buen humor olímpico que utiliza un surrealismo sereno para describir la tragedia de la comedia humana.
Obras de García Márquez:
1955.- “La hojarasca”
1961.- “El coronel no tiene quien le escriba”
1962.- “La mala hora”
1962.- “Los funerales de la Mamá Grande”
1967.- “Cien años de soledad”
1968.- “Isabel viendo llover en Macondo”
1968.- “La novela en América Latina: Diálogo” (junto a M. Vargas Llosa)
1970.- “Relato de un náufrago”
1972.- “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”
1972.- “Ojos de perro azul”
1972.- “El negro que hizo esperar a los ángeles”
1973.- “Cuando era feliz e indocumentado”
1974.- “Chile, el golpe y los gringos”
1975.- “El otoño del patriarca”
1975.- “Todos los cuentos de Gabriel García Márquez: 1947-1972”
1976.- “Crónicas y reportajes”
1977.- “Operación Carlota”
1978.- “Periodismo militante”
1978.- “De viaje por los países socialistas”
1978.- “La tigra”
1981.- “Crónica de una muerte anunciada”
1981.- “Obra periodística”
1981.- “El verano feliz de la señora Forbes”
1981.- “El rastro de tu sangre en la nieve”
1982.- “El secuestro: Guión cinematográfico”
1982.- “Viva Sandino”
1985.- “El amor en los tiempos del cólera”
1986.- “La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile”
1987.- “Diatriba de amor contra un hombre sentado: monólogo en un acto”
1989.- “El general en su laberinto”
1990.- “Notas de prensa, 1961-1984”
1992.- “Doce cuentos peregrinos”
1994.- “Del amor y otros demonios”
1995.- “Cómo se cuenta un cuento”
1995.- “Me alquilo para soñar”
1996.- “Noticia de un secuestro”
1996 – “Por un país al alcance de los niños”
1998.- “La bendita manía de contar”
1999.- “Por la libre: obra periodística (1974-1995)”
2002.- “Vivir para contarla”
2004.- “Memoria de mis putas tristes”
2010 – “Yo no vengo a decir un discurso”
Fundador de Prensa Latina y amenazas de muerte en Queens…
El tradicional pase de lista en la agencia Prensa Latina (PL) amaneció inconcluso porque Gabriel García Márquez, uno de sus fundadores hace 55 años, acaba de irse en estampida. Junto a los argentinos Jorge Ricardo Masetti, Rodolfo Walsh, Rogelio García Lupo, Jorge Timossi y el uruguayo Carlos María Gutiérrez, entre otros, García Márquez cerró filas con aquel grupo de periodistas cubanos y latinoamericanos que hicieron posible abrir una ventana a la verdad, frente a la guerra mediática y despiadada que los grandes medios de prensa desplegaron contra Cuba y su Revolución.
Ahí estuvo el Gabo, como todos lo conocían, reportando para Prensa Latina, primero desde Bogotá, para confirmar que el sueño de Fidel Castro, Masetti y el Ché Guevara era una realidad tangible.
Después llegó a Nueva York, como corresponsal de PL, enfrentando la agresividad de los enemigos de Cuba que llegaron a intimidarlo y amenazarlo de muerte en la barriada de Queens.
Timossi lo definió como un “cronista de pura sangre y reportero de fino olfato, sabía que se encontraba en el lugar y el momento oportunos, en el parto de un hecho histórico, que él quería verlo y contarlo”.
Por estos días, en que Prensa Latina festeja sus primeros 55 años vida, muchos evocan el recuerdo de García Márquez como el periodista que afirmó siempre que ese oficio “lo ayudaba a no perder contacto con la realidad”.
Ahora, cuando se recogen hitos y memorias de la agencia en su más de medio siglo de existencia, el Gabo estará ausente en el rosario de ponentes que rememorarán la historia, escrita con pluma y fuego desde los cuatro puntos cardinales del planeta.
Amigo entrañable de Fidel Castro, García Márquez supo apreciar desde temprano la monumental figura del líder revolucionario a quien le unió una estrecha amistad de muchos años.
“A Gabo lo conozco desde siempre -afirmó Fidel en una de sus Reflexiones-, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana”.
“Como él mismo confesó, lleva sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en la adicción de los best-sellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales”, agregó el líder histórico de la Revolución Cubana.
Otro de los fundadores de PL, el poeta, investigador y periodista cubano Angel Augier, lo recordó en aquellos primeros años de la agencia, resaltando su autenticidad personal, su profundo calor humano acompañado de talento y simpatía singulares y sus raíces en el alma popular, en el sentimiento de lo autóctono latinoamericano, tan evidente en su persona.
“Todo esto habría de expresarse genialmente en su futura obra literaria, para exaltarlo a la fama, sin que esta haya afectado los valores originales de su autenticidad personal, de su modestia y sencillez campechanas”, afirmó Augier.
El Premio Nobel de Literatura, obtenido en 1982 fue el reconocimiento a una obra monumental, reflejo de su manera cotidiana de ver la vida de nuestros pueblos de Amérca.
“Su literatura es la prueba fehaciente de su sensibilidad y adhesión irrenunciable a los orígenes, de su inspiración latinoamericana y lealtad a la verdad, de su pensamiento progresista”, sentenció el líder cubano Fidel Castro.
El Gabo se fue de este mundo, pero nos dejó como legado esa mirada de lo real-maravilloso que tan magistralmente describió, y de su realismo mágico que terminó embrujando a millones de lectores. PL