Música y baile en la tercera edad

Félix A. Ballestas se mantiene activo gracias a la música, el baile, la lectura y sus caminatas. Foto Marcela Álvarez

Hace un año, Félix A. Ballestas Yépez vivió un gran susto: fue sometido a una operación de corazón abierto.

“Empecé a sentirme un poquito mareado, especialmente cuando bailaba bachata, porque ese baile es dinámico y me costaba moverme. También sentía dolor en los hombros. Entonces un día fui al Hospital Elmhurst, por precaución, usted sabe. Me hicieron los exámenes y de ahí me mandaron de urgencia al Hospital Mount Sinaí. Me operaron casi de inmediato”, dijo Ballestas. “Estuve tres días en el hospital y cuando salí, lo primero que hice fue ir a bailar”.

Hoy, este residente de Elmhurst nuevamente pisa fuerte, disfruta sus “años dorados” haciendo lo que más le gusta y motiva, siempre con actitud positiva.

Para Ballestas, la música y el baile fueron sus armas en la recuperación: “Pienso que son la mejor terapia. Uno lo hace con mayor gusto porque siente la música en el cuerpo, inclusive no se siente cansancio. La música, bailar, es energía pura. También es muy bueno salir a caminar porque ayuda a despejarse, a relajarse. Lo recomiendo”.

 

Estar muy activo y ocupado le viene de siempre. Cuando vivía Latinoamérica practicó karate, llegó a ser cinturón negro y fue maestro de esta disciplina. Después dejó las artes marciales. Nunca le gustó el fútbol.  “Para nada”, dijo Ballestas de manera tajante.

Ballestas es viudo, tiene una hija, cuatro nietos y dos bisnietos.  En 2011, su hijo mayor murió en un accidente de tránsito en Sag Harbor, Long Island. “Salió a comprar cigarrillos y perdió el control de su vehículo en una curva”, añadió Ballestas.  Su hijo tenía 38 años.

En 2015, su esposa Manuela murió de cáncer. Aunque, según Félix, la causa de su muerte fue otra. “Yo pienso que ella murió de tristeza, de depresión. Nunca se recuperó de la muerte de nuestro hijo”, dijo con tristeza.  A Manuela la recuerda como una mujer seria, cariñosa, dedicada a su hogar.  ¿Le gustaría volver a enamorarse?, preguntamos. Él sonríe. No responde.

Ballestas pasa sus días en el Emlhurst/Jackson Heights Senior Center, una entidad patrocinada por el Institute for the Puerto Rican/Hispanic Elderly, Inc., y fundado por el NYC Department for the Aging.

De lunes a viernes es su oasis de paz, diversión y fraternidad. Ahí desayuna y almuerza, lee los diarios, comparte con sus amigos, escucha música y baila, claro, cada vez que hay una oportunidad.  “Es un gran bailarín”, dijo su amiga Genit, a quien conoció en el centro.

“Aquí también dan clases de yoga”, la interrumpe Ballestas y ambos sueltan una carcajada. El billar también es otra fuente de distracción en el centro, pero no para Ballestas. El taco y las bolas multicolores le son indiferentes.

De cómo y cuándo llegó a Nueva York, Ballestas dijo que “en Colombia conseguí una visa de trabajo para venir a Estados Unidos porque yo era técnico en refrigeración y aire acondicionado. Allá trabajé en empresas norteamericanas como Sears y General Electric, me dieron cartas de recomendación que llevé a la embajada. En 1977 vine con un contrato de trabajo para una empresa cuyo dueño era un japonés-americano. Me ayudó, trabajé muchos años con él hasta que vendió su negocio. Luego trabajé por mi cuenta. Estoy muy agradecido”.

No volvió a su país de origen.

¿Un consejo a los latinos? “Tienen que aportar al Seguro Social, eso es muy importante. También deben ahorrar dinero en el banco, ser cuidadosos”. Nunca tuvo problemas con nada ni nadie. “Lo principal es siempre andar con la verdad, la honradez”, dijo y se despide con su mantra: “El único vicio mío es bailar”.

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