
Por Luz Karine Vargas –
Ofelia Cañola llegó a Estados Unidos en 1979 con miles de ideas en su cabeza y con la firme determinación de cumplir cada uno de sus objetivos. “Estaba atravesando una situación no muy buena en mi país de origen, por eso llegué determinada”, dijo Cañola recordando aquellos años.
“Me motivé a venir a este país porque mi madre y mis hermanos estaban acá, fueron los que me apoyaron para salir de un matrimonio no feliz, en donde mi esposo era un alcohólico y maltratador”, dijo Cañola con tono de voz más suave.
Cañola solo tuvo que llamar a su madre y de inmediato la mandó a pedir para vivir en este país. “Cuando venía, la entrada fue muy difícil porque fue por las Bahamas, estuve 11 días en Bahamas, así que apenas aterrizamos en Miami nos detuvieron a todos, mi familia ayudó a mi liberación”, recuerda Cañola soltando una carcajada sarcástica.
“Llegue a New York y acá hice mi vida, ya hace 42 años, al comienzo todo es un poco complicado, pero poco a poco todo mejoro”, dijo Cañola complementando que su primer empleo fue con una amiga.
A laamiga la conocía desde su país de origen .“Con ella trabajé mis primeros 15 días ayudándole en su casa, luego conseguí trabajo cuidando viejitos y en ese empleo estuve hasta que me retiré”, dijo Cañola, cuyo motivo de su retiro fue a causa de un accidente laboral.
“Yo traje 6 hijos de mi país de origen, después de 5 años acá, yo fui a recoger mi residencia a Canadá y al día siguiente viaje a ver a mis hijos. Estando allá me tuve que devolver porque le había salido la residencia a mis dos hijos menores”, dijo Cañola. Su rostro se llenó de felicidad.
Cañola se trajo a sus hijos de a dos, excepto uno que llegó a este país por circunstancias médicas. “Acá terminaron el bachillerato, ahora todos están casados, trabajan y son muy responsables”, dijo Cañola orgullosa de sus hijos.
“Mi hijo menor falleció acá en un accidente, así que me quedaron cinco. Dos viven en Virginia y tres en Nueva York, uno en Brooklyn y una de mis hijas en Ozone Park, la otra vive en el primer piso de mi casa”, dijo Cañola agradecida de haber ahorrado en su juventud para ahora poseer su casa propia.
“En noviembre cumplo 79 años. A los 10 años de estar en este país compré mi casa en compañía de mi hija”, dijo Cañola. Todos su hijos han formado sus vidas y gracias a las buenas decisiones del pasado no es un estorbo para nadie.
A Cañola no le dieron síntomas del Coronavirus pero le afirmaron que sí estuvo contagiada. “A mí solo me dio tos, no me afectó la pandemia porque no me faltó nada y ya me vacunaron con la johnson & Johnson y tampoco tuve síntomas secundarios”, dijo Cañola.
Cañola es una mujer que solo con escucharla provoca ternura. Una mujer orgullosa de su pasado y presente pero sobretodo una mujer fuerte. “Gracias a Dios tengo una familia muy linda y con eso ya vivo feliz”, terminó diciendo Cañola.
