
POR KARINE VARGAS
Los Chaug son una de las familias latinas de Queens que vivió las irreversibles consecuencias de padecer la pandemia del COVID 19. Los ecuatorianos Juan Chaug y Olga Burbano de Chaug llevaban 51 años de casados y tuvieron dos hijos, Lorena y Juan Carlos, quien vive en Ecuador.
“Al principio no había mucha información, dijeron que podía venir el virus y tomé las precauciones básicas, pero yo trabajo en Manhattan en un espacio donde los escritorios están a menos de un metro de distancia uno del otro. Tengo que coger tren, caminar 20 minutos y es tanta la gente con la que me cruzo que no sé dónde me contagie”, dijo Lorena.
El jueves 12 de marzo Juan Chang, de 78 años, fue a un centro de salud para hacerse una colonoscopia, pero sus pasos ya no eran igual que antes, se le notaba cansado, decaído y en algunas ocasiones decía sentir dolor en sus piernas. No dejó de mostrar fortaleza para sostener una agradable conversación y exhibir una amable sonrisa, sin saber aún que poseía el Coronavirus.
“Mi último día en la oficina fue el viernes 13 de marzo, porque nos dieron la opción de trabajar en la casa. El sábado 14 mi papi ya tenía un poco de fiebre, el domingo 15 tuvimos que llamar al doctor y tomó medicina para bajar su alta temperatura. El miércoles 18 lo tuve que llevar al hospital porque tenía las piernas moradas, como si le faltara el oxígeno”, recuerda Lorena siguiendo la cronología.
Los Chaug hasta ese momento ni se imaginaban que sería una de las 10,273 familias latinas afectadas por la pandemia en este vecindario de Queens. La poca información al comienzo de este virus hizo que no se tomaran las estrictas medidas de precaución y así se hubieran salvado más vidas. Esa semana fue la primera de muchas en que los esposos Juan y Olga no acudirían juntos a la misa del domingo. Una tradición de los espasos.

“Desde que llevé a mi papi a emergencias, esa misma noche lo entubaron y sedaron, allí me despedí de él y nunca más lo volvimos ver. Aunque todos los días nos llamaba el médico de cuidados intensivos. Un día nos dijeron que los riñones ya le estaban fallando y era más probable que falleciera. Nos pusieron a decidir si queríamos que lo revivieran en caso que le diera un ataque al corazón. Optamos en familia por darle una muerte digna ya que eso sería traumático para su cuerpo porque se le romperían las costillas. Nos tocó esperar el día que lo iban a desconectar para despedirnos por video-llamada”, añadió Lorena suspirando.
El día 25 de marzo falleció Juan Chaug en el Jamaica Hospital de Queens después de pasar una semana exacta internado. Dejó la silla del comedor vacía y un sin sabor en el corazón de sus familiares. Pero la batalla aún no terminaba porque el virus ahora estaba en su esposa Olga, aunque no mostraba síntomas. Además, Lorena amaneció el jueves 19 con fiebre, náuseas y agotada, luego de pasar 9 horas al lado de su padre en la sala de emergencia del hospital.
Lorena, la hija, dijo que solo comía dulces y cosas frías y al cuarto día se le fue la fiebre. Salió un día al supermercado y se contagió de nuevo con el virus, más fuerte y con fiebre de 104 grados por tres días. “Tuve que ir a un médico hispano donde me recetaron antibióticos y me inyectaron porque el medico anglosajón solo recetaba tylenol. Así fue que me curé”, dijo Lorena.
Poco a poco madre e hija enfrentaron juntas la pandemia, como dos guerreras que no se dejan abatir, hasta que llegó la despedida de Juan, el jefe del hogar. En junio, tres meses después de su muerte, entregaron las cenizas del cuerpo de Juan y le dieron su último adiós en familia. Fue enterrado en Long Island.
“Uno de los hermanos de mi mami y un primo también fallecieron de coronavirus. Fue muy duro pero hemos salido adelante”, dijo Lorena, la hija. Olga, la esposa, recuerda a su esposo Juan con tristeza, amor y resignación. “Estuvimos toda una vida juntos”, concluye Olga.
