
La perfección es un estado de estrés, de angustia, infelicidad y depresión. La perfección no es el objetivo de nuestra vida, la perfección no existe, como seres humanos no somos perfectos.
Buscamos la perfección porque uno de nuestros grandes temores es el “temor a equivocarnos”.
Preguntémonos ¿por qué quiero ser perfecto? ¿Qué busco con ello? Y la respuesta está en tu interior, donde siempre ha estado: quiero amor, aceptación, respeto y aprobación.
El deseo de perfeccionismo en nuestra vida tuvo un punto de partida y se halla en nuestro historial.
¿Cuándo, dónde y de quién vinieron esas exigencias de perfeccionismo? Exigencias que hoy te bloquean, limitan y no te dejan avanzar. ¿Qué herida de alma o karma está detrás de nuestro deseo de ser perfectos? Cuando puedas responder a esta pregunta encontraras la solución.
Cuando cometemos errores, creemos que estamos fallando o no estamos a la altura. Equivocarse es de humanos. Nuestro propósito no es ser perfectos, somos seres humanos imperfectos en busca de nuestra evolución.
Al aceptar que no somos perfectos, nuestra vida se desplegará y fluirá de una forma más fácil, aceptando nuestras equivocaciones y errores como parte del proceso de nuestro crecimiento, sabiendo que estamos haciendo lo mejor que podemos, en todo lugar y en todo momento, de acuerdo a nuestras circunstancias y nivel conciencia en el que nos encontramos. Nos abre la mente el aceptar que tampoco los demás lo son y como consecuencia a no juzgar. Esto nos ayudará a llenar nuestra vida de paz.
Cuando juzgamos y condenamos a alguien, proyectamos nuestra propia culpa y falta de valor sobre el mundo.
Aceptemos nuestra imperfección, que no somos perfectos y que no tenemos porque serlo, sintamos compasión y amor incondicional por nosotros mismos y los demás.
Haz lo mejor que puedas, da lo mejor que tienes, siempre con el objetivo de que sea para tu bien y de la humanidad.