Diego Salazar: “I framed Manhattan”

Diego Salazar en Manhattan en 1993. Foto Javier Castaño

Diego Salazar, de Villa María, Caldas, ostenta en Nueva York el título de Master en Marquetería. Los marcos de madera que posee en su sala de exhibición en la calle 56 de Manhattan, son piezas talladas con la delicadeza de un artesano disciplinado y estudioso. Entre sus clientes está el Museo Metropolitano y el Guggenheim. Son piezas costosas.

Pero nada fue fácil al comienzo. Salazar llegó a vivir a Bogotá cuando tenía dos meses, es el menor de 13 hermanos y admite que nadie en su familia esperaba que fuera a surgir como empresario. Estudió en el colegio San Bernardo y en el Carrasquilla. A los 17 años aterrizó en Nueva York porque“mi hermano Rodrigo me trajo”.

Al principio se sintió solo y lloró, sobre todo cuando le tocó arreglar y limpiar mesas en un restaurante. La pasión por la marquetería la adquirió en 1965, después de trabajar tres meses en una fábrica de marcos comerciales.

Luego trabajó siete años en la fábrica de marcos “Lowy”, la cual abandonó para independizarse. Aceptó ser el administrador de un edificio para poder usar el sótano. “La marquetería se convirtió en mi obsesión, trabajaba hasta los fines de semana y fue en esa época que produje mis mejores obras”.

Al comienzo salía a ofrecer sus marcos sin hablar muy bien el inglés, pero armado del temple que según dice heredó de su madre Angélica Ramírez. Nadie le compraba. Hasta que en 1972 la galería Chapellier le hizo una orden de 500 dólares. “Fue como una revelación”, recuerda Salazar, quien ha vivido 32 años en Estados Unidos y aún no considera este país como el suyo. Todos los años viaja dos o tres veces a Colombia.

Algunos meses después de esa primera orden, Sala- zar se decidió a abrir un centro de exhibición en la calle 23 de Manhattan. “Me fue como los perros en misa, pues no vendía ni para pagar la renta. Me declaré en bancarrota”, dijo sonriendo. Luego abrió un taller pe- queño en Long Island City, Queens, y fue en ese lugar donde comenzó a recibir varias órdenes, sobre todo de la Galería Kennedy.

Luego vino la bonanza. Fue tanta que le alcanzó para comprar tres propiedades, incluyendo el edificio donde funcionaba el taller, con un amplio salón de carpintería. En la actualidad está negociando la compra de un edificio en cuyo interior se halla una de las más preciadas colecciones de marcos antiguos.

Salazar talla la madera con sus manos, derrama el yeso, adhiere un barro traído de Francia, y usa el pan de oro de 23 quilates para darle un tono brillante y antiquísimo a sus marcos. Hizo el marco de 10×15 metros para la pintura La Asunción que actualmente se exhibe en el Museo El Prado de España.

Estudió arte en la Universidad de Nueva York y en el New School, colecciona arte americano del siglo IXV, hace deporte “sagradamente”, y está casado con la bogotana Gladys Baquero. Tiene dos hijas, de 6 y 4 años.

Salazar, quien no cree en los golpes de suerte sino en la constancia del trabajo, considera que el colombiano que vive en Estados Unidos tiene talento y malicia, “pero habla más de lo que produce y le falta disciplina”. En la actualidad invierte su tiempo visitando clientes, asesorando restauradores de marcos antiguos y controlando a casi 30 empleados que tiene en el taller.

“El marco es algo así como una mujer que lleva puesto un hermoso vestido que la hace ver más atractiva”, concluyó Salazar.

Javier Castaño

Nota: Este artículo fue publicado en el libro New York Colombiano, en el 2004, que fue auspiciado por el Centro Cultural Latinoamericano de Queens.

 

Primavera de 1993, Nueva York

1 thought on “Diego Salazar: “I framed Manhattan””

  1. Diego espero todo este bien en su negocio quiero saber si también hace trabajos simples o no costosos soy pintor y quiero enmarcar mis cuadros, ahora tengo uno de 48 por 36 pulgadas quiero un marco sencillo tal vez metal no vidrio querría saber el precio gracias suerte y éxitos

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