Esta es una traducción del artículo titulado “Trading Against Colombia”, publicado en la revista estadounidense The Nation en su ejemplar de agosto 1/8 del 2011.
Comercio en contra de Colombia
En julio el Congreso de los Estados Unidos le dio curso a un paquete de comercio principal que incluye los tratados de libre comercio (TLC’s) con Colombia, Panamá y Corea del Sur. Todos estos pactos tienen defectos, cada cual a su manera, pero ninguno es tan problemático como el tratado propuesto con Colombia, que le daría una recompensa a una élite política que desde hace mucho tiempo ha reprimido a los sindicatos y que podría devastar a los campesinos rurales del país.
El Presidente Obama empezó su gestión prometiendo fortalecer los lazos entre el comercio y los derechos humanos. Un buen comienzo hubiera sido el botar a la basura por completo el TLC con Colombia, que fue negociado bajo la administración de George W. Bush. En cambio, la administración de Obama se empeñó en tratar de mejorar el acuerdo a través de negociaciones con el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. El resultado, revelado en abril, fue otro acuerdo al margen llamado el Plan de Acción, que propone una serie de pasos prometidos por Colombia para reforzar los derechos sindicales.
Si la administración de Obama pensó que el Plan de Acción iba a apaciguar a los críticos progresistas del TLC, pronto se enteró de lo contrario. El plan fue condenado instantáneamente por casi todos los sindicatos principales de los Estados Unidos, al igual que por el Sierra Club y los principales representantes progresistas del Congreso. Los críticos mencionaron que cincuenta y un sindicalistas fueron asesinados en Colombia en el 2010—más que en todas las demás naciones combinadas, y que hubo aumento de este tipo de matanzas en comparación con el 2009. Por lo menos 2.500 sindicalistas fueron arrestados el año pasado.
El problema mayor con el Plan de Acción es que ninguna de sus cláusulas son ejecutables. El plan es solamente un grupo de promesas de las que Colombia podría echarse atrás después de que el Congreso ratifique el TLC.
Adicionalmente, el problema más grande de este TLC no es siquiera mencionado en el Plan de Acción: el pacto les terminaría el trabajo a miles de campesinos rurales al permitir una inundación en Colombia de productos agrícolas estadounidenses baratos—subsidiados por los impuestos del pueblo estadounidense. Los campesinos colombianos componen el 20% de la fuerza laboral de la nación, y sus ingresos están protegidos por aranceles altos para las importaciones de alimentos. El TLC cambiaría todo esto, con resultados devastadores. Según un estudio patrocinado por Oxfam Internacional, la producción doméstica de maíz y arroz se reduciría por 20%, mientras que los campesinos cultivadores de trigo, frijoles, y puerco serían golpeados aún más duro por las importaciones de los Estados Unidos.
Por lo general, 1.8 millones de agricultores pequeños verían sus ingresos disminuir en promedio más del 16%, mientras que 400.000 experimentarían reducción de sus ingresos de entre 50 a 70 por ciento. El estudio de Oxfam estima que el TLC destruiría por lo menos el 20 por ciento de los empleos, equivalente a más de 15.000 trabajos, de agricultores pequeños quienes ya viven con menos de $3.90 (dólares) al día. El gobierno colombiano no tiene ningún plan específico para reentrenar estos trabajadores rurales –ni la administración de Obama ha pedido ese plan.
Si esto le suena vagamente familiar, hay una razón: el Tratado de Comercio Libre de América del Norte (NAFTA) y el Tratado Comercio Libre de América Central (CAFTA) también acabaron con los trabajos de una gran cantidad de campesinos mientras que las compañías agricultoras de los Estados Unidos engordaban sus ganancias.
Los campesinos sin empleo en países pobres no tienen muchas opciones buenas. Una manera obvia de sobrevivir es emigrar a los Estados Unidos a buscar trabajo, por más peligroso que este camino sea. A los dos tratados, NAFTA y CAFTA, se les atribuye el incitar la inmigración ilegal a los Estados Unidos de los campesinos que quedaron en la miseria por el ataque de los productos agrícolas baratos de los Estados Unidos. De igual manera los campesinos desplazados de Colombia podrían irse al norte—para encontrarse con las cada vez más draconianas medidas enérgicas contra los trabajadores indocumentados (rara vez se habla de la ironía de la hostilidad de los Estados Unidos contra los refugiados económicos que son creados por sus políticas y tratados de comercio)
Legiones de campesinos colombianos desesperados podrían tener otras opciones también—ninguna de ellas buena. Si ya no pueden sobrevivir cultivando arroz o maíz, podrían cultivar coca y ayudar a elevar la producción inmensa de cocaína para el mercado de los Estados Unidos. O, si sólo quieren un sueldo, podrían unirse a uno de los muchos grupos paramilitares de Colombia. Otra opción—especialmente si tienen ira por el colapso de sus ingresos—es unirse a las Farc, el grupo guerrillero izquierdista que sigue activamente en guerra con el gobierno colombiano. :
Los proponentes del TLC con Colombia, incluyendo a funcionarios en la administración de Obama, dicen que la ratificación le daría un empuje económico y político a ese emproblemado país. Pero el acuerdo parece estar diseñado para producir los resultados opuestos: desempleo más alto, más producción de coca, aumento de grupos paramilitares, y una insurgencia crecida. Brevemente, el TLC crearía todavía más inestabilidad en Colombia.
El Congreso todavía está regateando cómo progresar con los tres TLCs pendientes, así como también adelantar la renovación del Trade Adjustment Assistance (TAA) que ayuda a los trabajadores norteamericanos que han perdido sus trabajos debido al incremento de importaciones. Para parar el tratado con Colombia, posiblemente les toque a los legisladores votar en contra de un solo paquete legislativo que incluya tanto al TAA como a los tratados comerciales con Corea del Sur y Panamá
¿Es este TLC realmente así de malo? Si, lo es.
David Callahan y Lauren Damme
David Callahan es miembro de Demos, y Lauren Damme es analista política de The New America Foundation
Muy buen articulo. Muchos sabiamos desde que era candidato, que Obama era un torcido y traidor de la clase trabajadora.
Para ser electo, en las primarias democratas hizo campaña criticando todos los TLCs aprobados por Clinton y Bush y una vez electo se voltea.
Este pais se lo llevo el diablo.