
Las jornadas son largas. Trabajan 10, 12, 15 horas al día, durante las 3 semanas del torneo (incluye FAN WEEK). Algunos empiezan a trabajar en mayo, junio, julio, dependiendo las necesidades de la United States Tennis Association (USTA) o las compañías subcontratistas.
El US Open es trabajo para la comunidad. Hasta 2019, pre-pandemia, el torneo generaba aproximadamente $750 millones de dólares en impacto económico directo a la ciudad de New York.
En 2020 se jugó a puertas cerradas, sin público. No hubo ganancias. En 2021 los fans regresaron pero con cautela, en una ciudad aún en proceso de recuperación por la devastadora pandemia.
Freddy Díaz es mesero en el exclusivo restaurante ACES, ubicado en el segundo piso de Ashe Stadium. ACES es parada obligada de los ricos y famosos, seducidos por los platos de los chefs Michael White, Ed Brown, Masaharu Morimoto y David Burke. Todos con el sello Michelin.
Díaz, un boricua-colombiano de Brooklyn, además del US Open, trabaja en otros eventos deportivos como las carreras de caballos en Saratoga Springs.

Una tarde Díaz y sus compañeros almorzaban en las escaleras del Ashe Stadium. “Tenemos una hora para comer, pero a veces se pone muy ‘busy’ y no hay mucho tiempo, tenemos que regresar”, dice Díaz mientras enciende un cigarrillo para compartir su experiencia.
—¿El US Open es positivo para la economía local?
Sí, definitivamente, un buen ‘summer job’. Ofrece muchos trabajos a gente que no está trabajando, se ganan su dinerito extra y se divierten. No es solo tenis. Conozco gente que en dos semanas ganan lo que harían en un mes o más. Los meseros ganan muy bien, y la gente que los ayuda igual, por que muchos se reparten los tips.
¿Cuál es la cuenta más alta de una comida en el ACES?
—Eso depende, pero una cuenta bien cara fue como unos $1,600, cena para dos personas.
Aquí todo es caro. El restaurante hace mucho dinero.
—¿Cuánto cuesta una botella de vino o champagne, por ejemplo?
Hay un champagne que cuesta $475 dólares.

—¿Cuál es el plato más apetecido?
El “plateu royale” tiene ostras, un pedazo de langosta, cangrejos, almejas.
Cuesta $165 dólares, sin bebida.
—¿Qué hacen con la comida que no se vende?
La ponemos en un “compost”, y creo que la donan a refugios de animales.
—¿Cómo definirías el Open?
Es muy divertido estar aquí. Cuando tienes un “break” puedes ver algún juego, aunque a veces estamos muy cansados.
—¿Lo recomiendas para trabajar?
Definitivamente, es buen dinero por dos semanas, o tres. Vale la pena. Hay gente que viene de Florida. La compañía, Levi Restaurants, los aloja en un hotel durante el torneo.Como Díaz, son miles los trabajadores que, en su mayoría inmigrantes, cada verano acuden a la feria de trabajo del US Open. A muchos, incluso, se les pega el gusto por el tenis. Tal el caso de Modesto Pacheco, ecuatoriano de Corona, quien suma 26 años en el Open. Hoy es un fan más de la raqueta, orgulloso de hacer conocido a los tenistas.

Cristina Bustos: “Yo generalmente trabajo las dos semanas del torneo y luego nos quedamos hasta fin de septiembre o incluso octubre. Hay que dejar todo limpio, oficinas, baños, cubrir escritorios, computadoras, sillas, bajar carteles. Cuando termina el Open aun hay mucho por hacer. Gracias a Dios algunos seguimos con el trabajo. Siempre que me llamen aquí estaré”, dice Bustos, residente en Richmond Hills, Queens.


Me gusta el reportaje sobre las personas que trabajan “como se diría? En el anonimato” que hacen su labor y contribuyen a que el Us Open sea un éxito no solo en la parte tenística sino también en el administrativo. Buen reportaje.
Hasta me dieron ganas de aplicar para el próximo año! Que lindo reportaje, conocer la parte de atrás del torneo, todas esas personas q con su trabajo contribuyen a que todo sea un éxito! Me da orgullo que nuestra gente seria y responsable sea parte de ello! Gracias x tanta información y ahí estaré el próximo año! Ojalá y tenga la suerte q me contraten!
Es un ambiente hermoso.. pagan bien.. y se te pega el gusto por el tennis?
Y por ahí hay algunitos mal agradecidos que se quejan de “explotación”, “opresión” y “robo de salarios” en el US Open